miércoles, 25 de noviembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
El primer juicio contra acusados de trata
"Las víctimas habían sido reclutadas mediante engaños y llevadas a un prostíbulo, de donde escaparon. Los cuatro acusados podrían recibir hasta quince años de prisión, según la ley aprobada el año pasado. El jueves comienza el segundo juicio, en Santa Fe.
Mañana comenzará en la localidad misionera de Eldorado el primer juicio oral y público en el país por trata de mujeres para explotación sexual desde la sanción en abril de 2008 de la ley que tipificó el delito federal. La causa se abrió a partir de la denuncia de dos adolescentes, una de 16 y otra de 18 años, muy pobres, que habían sido reclutadas bajo engaño en Paraguay y llevadas a un prostíbulo en un pequeño pueblo de la zona centro norte de la provincia, de donde lograron escapar. Los imputados son cuatro, dos hombres y dos mujeres, una de ellas, la que regenteaba el burdel. Podrían recibir hasta 15 años de cárcel. Un día después, en Santa Fe, se iniciará otro juicio oral contra una mujer acusada de reclutar adolescentes en barrios marginales de los alrededores de la capital provincial, una de las cuales, de 14 años, permanece desaparecida.
La casualidad quiso que ambos procesos orales –el de Santa Fe será a puertas cerradas– tengan lugar en la semana en que se celebra el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. La trata es una expresión de ese flagelo. Los dos casos muestran, de acuerdo con la investigación judicial, cómo operan las mafias que convierten a mujeres jóvenes, a veces, niñas, en esclavas sexuales: las reclutan bajo engaño, las “ablandan” violándolas, las amenazan con lastimar o herir a familiares y las introducen en un sistema de explotación por el cual siempre están en deuda con el proxeneta.
Los cuadernos
El juicio en Misiones estará a cargo del Tribunal Oral Federal de Posadas. Pero se llevará a cabo a 193 kilómetros de la capital provincial, en la localidad de Eldorado. Los magistrados así lo dispusieron para facilitar la concurrencia de los testigos. Uno de los imputados es Roque González, paraguayo. Está acusado de haber reclutado en Ciudad del Este a dos adolescentes de un barrio muy pobre de esa ciudad paraguaya. Les prometió, según ellas declararon luego, un trabajo como meseras en un bar. El sueldo con el que las tentó muestra claramente la situación de vulnerabilidad social en la que se encontraban: apenas 100 pesos la quincena. Tenían estudios primarios. La instrucción judicial estableció que González las ingresó ilegalmente a la Argentina, en balsa por el río Paraná a la altura de la localidad de Wanda, y allí se las entregó a Carlos Francisco Loureiro y a su pareja, Dora Beatriz Raballo, quienes las llevaron a un local nocturno del pueblo de Andresito, en el centro norte de la provincia, con habilitación municipal como bar pero que funcionaba como prostíbulo. El burdel, de acuerdo con la instrucción judicial, estaba regenteado por Noemí Helfiftaich.
A los pocos minutos de llegar al bar, el 27 de octubre de 2008, las dos adolescentes paraguayas se dieron cuenta de que no iban a servir las mesas sino a los “clientes-prostituyentes”. Un día después, se escaparon. Según contaron, gracias a la ayuda que les dio una pareja, pudieron tomar un micro con la idea de regresar a sus casas. Efectivos de Gendarmería detuvieron el vehículo para hacer un control de rutina, y ellas contaron cómo habían llegado allí: una de ellas no tenía documento. Hicieron la denuncia en el Escuadrón de Gendarmería de Eldorado. Y el 15 de noviembre de 2008 la Justicia ordenó un allanamiento en el burdel: encontraron otras cuatro menores de edad y dos jóvenes de 22 años, que también eran víctimas de la explotación sexual. Del local secuestraron “cuadernos precarios” que daban cuenta de que las mujeres no se quedaban con dinero de los “servicios sexuales” que ofrecían y que cobraban entre 30 y 50 pesos. Siempre estaban en deuda dado que tenían que pagar por la habitación, la comida, el agua y la limpieza del cabaret. “Todo está anotado”, confió a este diario una fuente cercana a la investigación. “Era el sistema para limitar su libertad ambulatoria. Las mujeres no estaban encerradas. Las dejaban salir pero si llegaban tarde les cobraban multas de 30 a 100 pesos. Siempre estaban debiendo dinero”, describió la fuente.
Los cuatro imputados están detenidos. González, Loureiro y Helfiftaich están imputados del delito de trata de menores de edad, que tiene penas que van de 10 a 15 años. A Raballo se la acusa de ser partícipe secundaria. La fiscal ante el Tribunal Oral es Vivian Barbosa. Igual que su par de Santa Fe, Martín Suárez Faisal, cuentan con el asesoramiento de la Unidad Fiscal Especial en materia de trata de personas (Ufase) de la Procuración General de la Nación, a cargo de Marcelo Colombo.
Desaparecida
El jueves empezará el segundo proceso oral por trata de mujeres. El Tribunal Oral Criminal de Santa Fe dispuso que se haga a puertas cerradas porque involucra a una chica de 14 años, pero paradójicamente la adolescente, Carolina F., no declarará porque permanece desaparecida desde principios de este año, cuando se escapó de un hogar del gobierno provincial, la Casa de la Joven, adonde la Justicia había dispuesto su alojamiento. Su nombre y fotografía están en la página web de la organización Missing Children junto a otros “Chicos Perdidos”.
El juicio tiene como única imputada a Julia Núñez, acusada de reclutar a la adolescente en un barrio muy pobre de Coronda y a otra joven, de 19 años, en otro asentamiento del Gran Santa Fe. Núñez sería el primer eslabón de una red de trata que operaría con un prostíbulo de la localidad bonaerense de América, partido de Rivadavia, cerca de Trenque Lauquen.
La investigación se inició en la ciudad de Coronda, el 9 de enero de este año, con la denuncia de la madre de Carolina por búsqueda de paradero de su hija. Después la Justicia encontró indicios para establecer que Núñez se habría presentado en el barrio y la habría convencido para que entregara a la niña, entonces de 13 años, para trabajar como empleada doméstica, a cambio de 400 pesos. Después reclutó a la muchacha de 19 años en Recreo. Según su relato, Núñez la habría llevado a su casa en Santa Fe, donde habría sido violada por un hombre. En rueda de presos lo identificó: señaló a un preso de la cárcel de Las Flores, condenado por homicidio pero con salidas transitorias, a quien finalmente el juez federal Nº 2 Francisco Miño le dictó falta de mérito, aunque sigue siendo investigado. La violación sería parte de un ritual de “ablandamiento” de las víctimas. Luego, la joven habría sido entregada a Juan Ramón “El Pollo” Rojas, quien la habría llevado al cabaret de la localidad bonaerense de América. La muchacha contó que estuvo un día con Carolina en el local. Que a ella también la engañaron porque pensaba que iba a trabajar como empleada doméstica y que la amenazaron con atentar contra su hija de 2 años si no se prostituía.
La segunda joven llegó al burdel en momentos en que en Coronda se denunciaba públicamente la desaparición de Carolina. Por lo que Rojas habría decidido llevar a la niña de vuelta a Santa Fe. El 19 de febrero, Carolina se presentó espontáneamente ante el Juzgado de Menores a cargo de Susana Giordano de Bilicich. No acusó a Rojas. La Justicia dispuso su alojamiento en la Casa de la Joven, de la Subsecretaría de Niñez y Adolescencia de Santa Fe. De allí se escapó y desde entonces se desconoce su paradero. Rojas estuvo prófugo durante varios meses y recién fue detenido semanas atrás: por esa razón no llega al juicio en este primer proceso. Núñez podría ser condenada a entre 10 y 15 años de prisión, por ser una de las víctimas menor de edad."
Mariana Carbajal
(http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-135828-2009-11-24.html)
domingo, 22 de noviembre de 2009
22 de noviembre, Día de la Música
Canción de Amor
Pido que las noches no se quiebren en tu luz
Y que las ventanas sean grandes para el sol
Cuando los almendros no se pasen de estación
Buscaré más flores para darte mi canción de amor.
Pido atardeceres en los cielos de Beltrán
Y que tus mañanas siempre sean para hablar
Cuando los jardines no se pasen de estación
Buscaré más flores para darte mi canción de amor.
Y si vos querés te voy a buscar
Para que los días no se vayan sin pensar.
Y si vos querés te voy a buscar
Y dejamos los caminos libres de humedad.
Pido tu mirada más alegre para mi
Y que toda el alma se disuelva en el amor
Cuando los almendros no se pasen de estación
Buscaré más flores para darte mi canción de amor.
Y si vos querés te voy a buscar
Para que los días se nos vayan sin pensar.
Y si vos querés te voy a buscar
Y dejamos los caminos libres de humedad.
Lisandro Aristimuño
lunes, 16 de noviembre de 2009
La Forner sabia

"A 21 años de la muerte de la gran pintora argentina Raquel Forner, la exposición Ni ver Ni oír Ni hablar, que hasta el 30 de noviembre se puede visitar en la galería Jacques Martínez, recupera no sólo gran parte de su obra, sino su simbología. La búsqueda del sentido humanista aun cuando ésta implique librarse de los sentidos, tan engañosos a veces.
Una vez Raquel Forner (1902-1988) vociferó algo así: que si pudiera describir con palabras todas esas ideas que deseaba transmitir al desplegar pintura sobre tela, se hubiese dedicado a las letras. Una suerte que no haya querido ni haya sabido explicarse a sí misma, de lo contrario, habría negado una obra plástica tan contundente y personal que no tiene nada que envidiarle a un Berni, un Xul Solar, o a un Pettoruti –excepto su visibilidad y reconocimiento actuales–. Ni ver Ni oír Ni hablar es la muestra que expone por estos días, en la galería Jacques Martínez una selección de sus obras para homenajear a esta mujer-hito del arte argentino, a veintiún años de su muerte.
LA MUJER PINTOR
Raquel Forner descubrió la vocación que abrazaría por el resto de su vida a la más tierna edad. La pubertad la sorprende en España realizado un viaje en compañía de su padre y hermana para visitar a miembros de la familia oriundos de la zona, y es en tierras ibéricas que toma la decisión de dedicarse, de allí en adelante, a las artes plásticas. Se recibe de profesora de dibujo en 1922 en
La pintora y escultora supo cosechar un currículum kilométrico: entre tantos otros honores recibió
Rehuía del calificativo de “pintora” –que en esa época tenía más que ver con el target del ama de casa abocada a la pintura decorativa y los arreglos florales que con el suyo– para ponerse a la par de cualquier “pintor”. Abogaba por la renovación del discurso artístico en
ELLA Y SUS ISMOS
Cultivó el interés por todos los ismos (se paseó desde el realismo, hasta el expresionismo, y hasta tuvo un romance fugaz con el surrealismo). Tanto, que se la puede considerar como una de las impulsoras del modernismo en pintura por estos lares, durante las efervescentes décadas del 20 y del 30. Prueba de ello fue su participación en el Grupo de Florida –todos, vinculados a la célebre revista Martín Fierro, fundada en febrero de 1924, se reunían en el famoso bar de Florida y Tucumán, de ahí el nombre–. En esa época compartió inquietudes con Oliverio Girondo, José Luis y Norah Borges, Lino Enea Spilimbergo, Raúl González Tuñón, Juan Del Prete, Leopoldo Marechal, Antonio Berni y otras figuras de igual talante de las artes y las letras. Girondo codirigió la publicación durante largo trecho y lanzó un manifiesto irrespetuoso y digno de su pluma donde clamaba los objetivos de la agrupación: “Frente a la impermeabilidad hipopotámica del honorable público. Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático que momifica cuanto toca, Martín Fierro sabe que todo es nuevo bajo el sol, si todo se mira con unas pupilas actuales y se expresa con un acento contemporáneo”.
La polémica es vox pópuli: el Grupo de Florida –preocupado por la experimentación vanguardista y las novedades estéticas– sacaba chispas con su archienemigo, el Grupo de Boedo –paladín de la literatura popular y el compromiso político–. Menos sabido es, sin embargo, que partidarios de ambos grupos saltaban de un bando al otro sin tantos miramientos. Muchos aseguran haber escuchado al mismísimo Borges confesar, entre risas, que el supuesto antagonismo no era más que un chascarrillo. La carga política y testimonial de las pinturas de
LA SIMBOLOGIA FORNER
Esta muestra, que ha trocado la (típica) organización cronológica por otra más osada, intenta echar luz sobre la profunda simbología de sus obras. El criterio curatorial fue prestar atención a los signos en los que la artista insistió durante 50 años (la muestra lanza una mirada retrospectiva sobre su obra que comienza en los años ’30 y termina con los últimos trabajos, que Forner realizó en los ’80). No es usual que críticos, teóricos y curadores centren su interés en elementos del contenido temático cuando se trata de abordar la obra de artistas de su talla. Las divas de los criterios curatoriales, la mayoría de las veces, son las cuestiones formales, la evolución de un estilo personal, etc. Pero el de Ni ver Ni oír Ni hablar es un planteo diferente: la galería Jacques Martínez y
Forner dice haberse convertido en pin-to-ra con todas las letras, recién a partir de la década del 30: “Yo comencé a pintar realmente cuando estalló la guerra en España. La tragedia material y espiritual comenzó en España para desparramarse luego por el mundo”, le confesó al crítico Córdova Iturburu, en 1944. Conmovida por las sanguinarias consecuencias de
La metáfora continúa colándose a lo largo de las décadas. En etapas más ligadas al expresionismo, los gestos reaparecen. Forner se concentra en los temas en boga que por ese entonces ocupaban la atención de los hombres: la conquista del espacio. De esta época son obras como Astronautas con terráqueos televisados (1972) o Etapas espacio temporales (1978). En Todos somos testigos (1969) pone sobre el tapete las cuatro razas humanas (representadas por cuatro colores: amarillo, negro, blanco y rojo). Forner insiste, testaruda, con la temática de los sentidos vedados; todos los hombres representados en el tríptico –tonalidades aparte– se reducen a dos tipos: los que permanecen con los ojos abiertos, que parecen estar más conectados con aquello que los rodea, y aquellos que cierran los ojos porque no pueden/quieren ver a su alrededor.
Forner fue siempre bastante reacia a enrolarse en una línea partidaria. Quizás le siente mejor el rótulo de humanista. Sus cuadros son mapa del dolor y sus personajes corporizan seres monstruosos y alienados, testigos y hacedores –a la vez– de las bajezas de nuestra especie. En su obra alzó la voz, a lo largo de cinco décadas, para denunciar los conflictos bélicos –
Por Dolores Curia
Ni ver Ni oír Ni hablar de Raquel Forner podrá verse hasta el 30 de noviembre en la galería Jacques Martínez (Avenida de Mayo 1130, 4to G). Más información en www.galeriajacquesmartinez.com
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5302-2009-11-16.html
Cuadro: Raquel Forner. La victoria, 1939, óleo s/tela, 140 x
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías en el amanecer...
y no puedas recordar hacia atrás, como la Reina Blanca, déjame en el aire la sonrisa.
Tal vez seas ahora tan inmensa como todos mis muertos
y cubras con tu piel noche tras noche la desbordada noche del adiós:
un ojo en Achernar, el otro en Sirio,
las orejas pegadas al muro ensordecedor de otros planetas,
tu inabarcable cuerpo sumergido en su hirviente ablución, en su Jordán de estrellas.
Tal vez sea imposible mi cabeza, ni un vacío mi voz,
algo menos que harapos de un idioma irrisorio mis palabras.
Pero déjame en el aire la sonrisa:
la leve vibración que azogue un trozo de este cristal de ausencia,
la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón,
una tierna señal que horade una por una las hojas de este duro calendario de nieve.
Déjame tu sonrisa a manera de perpetua guardiana, Berenice.
Olga Orozco
(http://amediavoz.com/orozco.htm)
lunes, 9 de noviembre de 2009
domingo, 8 de noviembre de 2009
La victoria según Victoria

"Por estos días, la Editorial Sur, en ocasión de su relanzamiento, publica Cartas de posguerra, libro que reúne las cartas que Victoria Ocampo les fue enviando a sus hermanas durante su visita a Europa en 1946. Sus impresiones sobre el posible avance del comunismo, el raro lujo de París, el juicio de Nuremberg, el racismo y otros temas aparecen aquí en clave de comentarios íntimos, un entre nos que integra sin respeto a las jerarquías: las críticas a la hotelería y las impresiones políticas.
Las cartas del pasado se burlan de la prolija disponibilidad del tiempo y cambian el curso de nuestra distracción. Mientras las leemos tenemos otra edad, estamos sentados en bancos de otras plazas, los años que atraviesan la primera lectura y la última dejaron que la vida, demasiado equívoca para explicar por carta, nos encuentre perdidos repitiendo párrafos ahora inolvidables y rogando en pleno insomnio que la madrugada nos descubra dormidos.
Las cartas del pasado confunden prioridades pero aclaran viejos temores. ¿Fueron escritas con amor o fingiéndolo? ¿Qué significó escribirlas? ¿Y recibirlas?
Las cartas del pasado, festín de biógrafos, aparecen siempre, aunque haya alguien que las queme en una fogata rugiente, como lo hizo Henry James en medio de su jardín de Lamb House, o Dickens, en Gad’s Hill y mientras lo hacían rogaban para cada una de las cartas que alguna vez escribieron estuvieran en esa pila de papel ardido pronta a ser cenizas.
Pero otras veces, las cartas se escriben para que el tiempo las lea: “Guardame las cartas en orden, son los únicos datos que guardo de mi viaje, y aunque son superficiales y casi puramente materiales, me servirán”, le pide Victoria Ocampo a una de sus hermanas en mayo de 1946. Sesenta y tres años después de aquel pedido, aquella correspondencia se convirtió en Cartas de posguerra, el libro de Victoria Ocampo elegido para el relanzamiento de la Editorial SUR.
Cartas y carton celeste
Las ochenta y tres cartas que componen este libro fueron escritas entre el 8 de marzo y el 17 de diciembre de 1946. Inéditas hasta hoy, forman parte del archivo de la Fundación SUR, creada por Victoria Ocampo en 1962. Apenas tres de ellas (numeradas en esta edición como las cartas 15, 60 y 82), fueron parcialmente publicadas en Cartas a Angélica y otros (Buenos Aires, 1997) y están al cuidado de la biblioteca de la Universidad de Princeton.
Escritas en tiempos en los que el papel escaseaba, en pliegos romaní o como esquelas hechas al pasar, con palabras en los huecos blancos de los márgenes, a veces sin el nombre del destinatario y muchas amparadas bajo el membrete de hoteles y compañías aéreas: Pan American Airways, The Shoreham, The Waldorf-Astoria, Claridge’s, estas cartas íntimas de Victoria Ocampo destinadas en su mayoría a sus hermanas Angélica y Pancha fueron escritas alternativamente tanto en castellano como en inglés y en francés. La edición mantiene el texto original acompañado obviamente por su traducción, hecha por Eduardo Paz Leston, hacedor también de las notas al pie.
“¿Recibes todas mis cartas? Como tengo que elegir entre escribir unas notas o escribir cartas y que he elegido esto último quisiera saberlo.” Pregunta V. O. con un “hasta mañana” desde Londres. Evidentemente estas cartas fraternales eran el diario íntimo, el cuaderno de viaje, el comentario ausente, el cuchicheo políglota que debía escucharse desde algún cuarto cuando eran las niñas de la casa. Que yo me acuerde y que mis hermanas lo sepan debió pensar la señora Ocampo cada vez que se sentaba a escribir en un banco de Hyde Park o en la “letrina” del Queen Mary. “Les escribo sentada en la letrina (está puesta la tapa, y la uso como asiento y escritorio) porque es el único sitio con puerta de que dispongo (y bendigo al cielo por este privilegio).”
Meses de vida escrita al resguardo de las hermanas menores (Angélica apenas un año menos y Pancha cuatro). Las palabras ensobradas vencían a los objetos, que, palpables para una, eran definitivamente impalpables para las dos destinatarias convertidas en administradoras y funcionarias de estirpe. Las hermanas Ocampo fueron las primeras eficientes tesoreras, las guardianas de un deseo femenino, de los estados de ánimo, de la amarga animosidad, de la depresión y del recelo. Una caja de cartón celeste en cuya tapa podía leerse en letra manuscrita, Cartas 1946, hizo el resto."
[…]
Marisa Avigliano
(http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5286-2009-11-08.html)