martes, 19 de mayo de 2015

El grito en la calle

Las dos acciones se generaron casi al mismo tiempo, impulsadas por el mismo hecho: una niña de 19 había aparecido muerta dentro de una bolsa de consorcio en un basural. Se llamaba Daiana García y su nombre se sumaba a otros nombres de mujeres, muertas y maltratadas después por la cobertura mediática de la misma manera, cuestionando sus costumbres y sus decisiones, como si así se pudiera explicar su suerte. Entonces surgieron los Siluetazos –acciones callejeras que citan aquellas siluetas a principios de los años ’80 para hacer visibles los miles de cuerpos ausentes de los desaparecidos y desaparecidas por la última dictadura militar– y que pusieron en la calle los nombres de las víctimas de la violencia machista y “Ni una menos”, una maratón de lecturas autoconvocada por periodistas y escritoras que se replicó en varias ciudades del país. En los meses que siguieron a esas primeras acciones los femicidios se multiplicaron, los Siluetazos ya fueron tres y se planean próximos y “Ni una menos” se transformó en la consigna que convoca a una marcha que desde que se difundió por las redes sociales no deja de viralizarse. Reflejos de un hartazgo que pide a gritos políticas públicas y un cambio cultural radical para terminar con la violencia de género.
Por Roxana Sandá


Fabio Páez y Verónica Camargo encabezaron el martes una multitudinaria marcha pidiendo Justicia por su hija Chiara, de 14 años, embarazada de dos meses, asesinada a fierrazos por M., su novio de 16, probablemente con la ayuda de sus familiares, todos detenidos. M. es capaz de cavar un pozo del tamaño de una persona en 30 minutos, poco menos del tiempo que llevó hacer el asado que se comió en San Martín al 800, donde mataron y enterraron a la adolescente. El femicidio de Chiara Páez desbordó a la población de Rufino, donde se movilizaron unas 7000 personas, casi la mitad en una ciudad de poco más de 15.000 habitantes, la misma que en el 2000 fue testigo del crimen de la adolescente Natalia Fraticelli. Con la misma potencia, el desborde se replicó en Buenos Aires: en cuestión de horas, el lunes se viralizó la convocatoria de un grupo de mujeres periodistas que impulsan una movilización para el 3 de junio bajo la consigna “Basta de Femicidios. Ni una menos”.
La marcha de Rufino fue una manifestación de silencio denso, con los repudios puestos en pancartas de “No al femicidio”, “Todos somos Chiara”, “Que ningún abogado de nuestra sociedad defienda a estos asesinos”. Destacaba uno como si fuera la decisión colectiva de algo que no volverá a suceder: “No queremos morir en manos de un ‘hombre’”.
“Si el crimen se produjo por el embarazo, no hacía falta que se hiciera cargo de la criatura ni que la matara”, dijo Verónica Camargo, la madre de Chiara, mientras caminaba junto a familiares y amigxs que no se resignan a aceptar ese agujero negro que fue la semana de la búsqueda desde que desapareció, el 3 de mayo. Una de sus tías, Lorena, había confirmado que la sobrina estuvo con amigas y después fue a ver al novio. En la marcha del martes volvió a recordarlo Verónica. “El le dijo que no supo nada más de Chiara. Si hasta me ofreció colaborar en la búsqueda cuando seguramente ya la había matado.”
En un principio, el padre del chico tampoco aportó demasiado. Policía de la comisaría 3ª de Rufino, la seccional a cargo de la búsqueda, fue el que lo entregó a la Justicia. “Mi hijo fue el autor del hecho”, anunció al fiscal Mauricio Clavero cuando había pasado una semana y algunas de las principales pruebas se perdieron. Ya de noche, con la movilización a las puertas de la comisaría, Fabio Páez se aferró al vallado y dedicó un grito desgarrador a las caras de los policías. Por las demoras en la búsqueda, por la sospecha de un supuesto encubrimiento, por la pérdida de otra niña en un listado que no quiere olvidar. “Esto que nos pasó no se va a borrar nunca, porque ese tipo de cosas siguen sucediendo, pero hay que enseñarles a los niños y a los adultos. Luchemos por los chicos que quedan.” Los que estaban allí, niñas y niños, aplaudieron a adolescentes y adultos que llevaban remeras blancas con la leyenda “Ni una más”. Esas tres palabras se leyeron en los cuerpos de Yanina, Romina y Tania, hermanas de Chiara. Una de ellas increpó indignada a un policía que sonreía irónico. Fabio, dolido, concluyó en una conferencia de prensa que “no estamos en condiciones de acusar a nadie, pero dudamos de la investigación”. Al otro día despidió los restos de su hija, quebrado y gritando “nadie me la va a devolver”.

Enredadas

Al intendente Gustavo Dehesa le cuesta interpretar lo que pasó en Rufino; dice que el hecho superó su capacidad de comprensión, “porque se trata de dos adolescentes escolarizados y el chico no tenía antecedentes, ni delictivos, ni de mala conducta”. Un grupo de escritoras y periodistas de diferentes espacios se pregunta hace tiempo lo que Dehesa no logra descular pero ellas cubren a diario, mientras observan cómo el dolor se va haciendo callo en los familiares de las víctimas de femicidios. Bajo el hashtag #NiUnaMenos surgió una convocatoria espontánea para el próximo 3 de junio en la plaza del Congreso a partir de las 17. Se trata de la segundo iniciativa contra los femicidios y la violencia hacia las mujeres. El primer “Ni una menos” fue a fines de marzo, cuando cuarenta escritoras y periodistas realizaron una maratón de lecturas en la plaza Spivacow del Museo de la Lengua, de la que también participaron las familias de Wanda Taddei y Lola Chomnalez. Entonces el grupo se propuso sostenerse como colectivo y realizar otras acciones para darle continuidad a la primera.
Esta semana, Ingrid Beck, Mercedes Funes, Marcela Ojeda, Hinde Pomeraniec, Valeria Sampedro y Claudia Piñeiro, entre otras, viralizaron un encuentro que esperan sea masivo. Hoy se reunirán con la directora de La Casa del Encuentro, Fabiana Túñez, para definir el documento que se leerá ese día.
Según datos del Observatorio Adriana Marisel Zambrano, de esa organización, al menos 277 mujeres fueron asesinadas en la Argentina en 2014: un femicidio cada 31 horas. “Y ni siquiera sé si esto es así. No hay cifras oficiales, y ése es un dato importante, habla de la indiferencia general de la dirigencia política sobre el tema”, manifestó la periodista Ingrid Beck, directora de la revista Barcelona. “Sería interesante que a partir de esta movida el tema de violencia y femicidios también entre en la agenda de campaña de los políticos.”
La decisión de movilizar fue “espontánea y visceral por el hartazgo de leer todas las semanas sobre estos casos”, explica Beck. “Surgió la necesidad casi imperiosa de salir a la calle, la cuestión se viralizó y fue imparable. Lo importante es que se visibilice y el miércoles 3 vaya la mayor cantidad de gente.”
Desde el colectivo que también reúne a artistas, académicas y activistas se publica “Ahora fue Chiara. Antes fueron Angeles, Lola, Melina, Wanda y tantas otras”: para la periodista, productora y cronista de Radio Continental, Marcela Ojeda, lo de Chiara “fue la gota que rebasó el vaso, me desencajó. Estoy cansada de cubrir este tipo de hechos, por eso me pareció inteligente la idea de manifestar frente al Congreso, porque necesitamos federalizar el problema”.
Ojeda destaca la urgencia de hablar de los noviazgos violentos, de las denuncias solidarias, “sin la necesidad de esperar 24 o 48 horas”, y de la necesidad de involucrar a los varones en esta etapa, “porque son parte del problema pero también de la solución”.
Valeria Sampedro, periodista de TN y Canal 13, creadora de Mujer Sujeto, “una pequeña cruzada feminista” en versión blog, anuncia en un video que “la violencia deja marcas, las marcas dejan femicidios. El miércoles 3 de junio todas al Congreso. Ni una menos”. Dice que el reclamo apunta a exigir la aplicación de políticas públicas sancionadas, como la Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, destinar una mayor partida presupuestaria e intensificar las campañas de difusión. “La Justicia también debe profundizar la articulación con otros poderes porque, es evidente, con la ley no alcanza. Tenemos que encontrar recursos para que los casos no se conviertan en lugares comunes.”
¿Es posible pensar que un hecho escabroso, como el de Chiara Páez, inauguró una reacción masiva en las redes sociales? La periodista, editora y autora Hinde Pomeraniec tiende a creerlo así, y “como una situación de desborde”. Siente que esa violencia machista se mete con las niñas y las adolescentes, “para luego desprenderse de esos cuerpos de modos denigrantes, descartándolas como basura”.
Una estrategia de expansión. La escritora Claudia Piñeiro propone irradiar el tema hacia todos los sectores de la sociedad, “porque son conmociones que nos involucran a todos. Es cada vez más preocupante la cantidad de niñas y niños golpeados y maltratados, pero también es intolerable el desprecio hacia las mujeres, vivas o muertas”.
Hace tiempo que Piñeiro sigue casos de mujeres “que denuncian y nadie las escucha”. Ese descrédito por las palabras de las que reclaman y el maremágnum de noticias “hacen que muchas veces algunos sucesos se pierdan. Por eso debemos mantener los oídos atentos frente a estas situaciones”.
El femicidio de Chiara Páez fue repudiado desde todos los ámbitos y personajes imaginados, algunos de ellos ciertamente cuestionables. “Creo que porque surge con mucha potencia el querer hacer algo más que quedarse en el enojo nuestro de cada día”, supone la periodista y editora general de Gente, Mercedes Funes.
“Provoca indignación asistir todos los días a ver cómo se naturaliza que maten mujeres. Por eso decidimos ir para adelante. Queremos visibilizar lo que está pasando y convocar este 3 de junio a todos los sectores de la sociedad para ponerles caras, nombres y apellidos a cada una de las chicas que fueron muriendo en estos años y plantear las demandas que sean necesarias.”


lunes, 18 de mayo de 2015

Todo sobre #NiUnaMenos


Cosecha Roja.-



Daiana García apareció muerta en una bolsa de arpillera el sábado 14 de marzo. Fue la noticia que rebalsó los medios y las redes: hubo campañas de repudio -“Hartxs de contar femicidios”- y una movilización al Obelisco. En ese momento nació “Ni una menos”: en la plaza de Las Heras y Austria, familiares de víctimas de violencia de género, escritores y periodistas hicieron una maratón de lectura contra el femicidio. Cuando el lunes pasado la policía encontró el cadáver de Chiara en posición fetal y enterrado en el patio de la casa de su novio de 16, la consigna renació y se organizó una movilización el 3 de junio.
La convocatoria es en todo el país: Plaza Congreso (Buenos Aires), el Monumento a la Bandera(Rosario), Colón y Cañada (Córdoba), Plaza Moreno (La Plata), Plaza Independencia (Tucumán), Plaza San Miguel (General Sarmiento), San Martín y Mitre (Mar del Plata), Belgrano y Urquiza (Paraná, Entre Ríos), Monumento a San Martín (Neuquén), Plaza 9 de Julio (Salta), Plaza 25 de Mayo (Chivilcoy), Plaza Dardo Rocha (Pehuajó), Peatonal y San Martín (Mendoza), Plaza del avión (Carlos Paz), Plaza de Piedra (Río Ceballos).
Se sumaron políticos, artistas, escritores y familiares de víctimas:
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De qué hablamos cuando hablamos de #NiUnaMenos


“La idea es que nunca tengamos que contar que nos falta una”, dijo a Cosecha Roja Nelly Vorquez  militante feminista. “Si no, pareciera que es solamente cuestión de noticias en los medios. Queremos que se incorpore a la agenda de la campaña electoral, que se implemente como corresponde la ley 26.485 y que haya estadísticas oficiales: sin eso, es imposible diagramar políticas públicas”, dijo a Cosecha Roja la periodista Ingrid Beck.



martes, 28 de abril de 2015

Antes, durante y después del embarazo ¡Tenés derechos!

Se lanza hoy la campaña “Antes, durante y después del embarazo ¡Tenés derechos!”, promovida por la subsecretaría de la Unidad de Coordinación Nacional para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, que dirige la nieta restituida. Busca concientizar a las mujeres sobre sus derechos durante el parto.

Victoria Montenegro tuvo a Gonzalo, su primer hijo, en la maternidad Sardá, hace 22 años. “Me pusieron el goteo -ni te preguntaban-, yo lloraba mucho, porque tenía 15 años y entendía que no se podía soportar tanto dolor. Creía que me iba a morir, y lo único que pedía era verle la cara a mi bebé antes de morirme”, recuerda hoy, con menos dramatismo. “Nació Gonzi a las 6 de la tarde, no lo vi porque me desmayé prácticamente. Se lo llevaron y me lo trajeron recién al otro día a las 11. Es feo eso. Es la primera vez que me pongo a pensar en esto”. Victoria no sabía entonces que había sido víctima de violencia obstétrica: un tipo de violencia de género que hoy, desde el organismo que dirige en el Consejo Nacional de la Mujer, intenta desterrar.
Hoy se lanza la campaña “Antes, durante y después del embarazo ¡Tenés derechos!”. Impulsada por la subsecretaría de la Unidad de Coordinación Nacional para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, busca concientizar a las mujeres sobre sus derechos, para que puedan reclamarlos y ejercerlos. El acto de lanzamiento será en la Casa Central de la Cultura Popular de la Villa 21, en Barracas, a las 10.
Montenegro, titular de la subsecretaría, explicó a Infojus Noticias cómo nació la campaña: “Nos enteramos, a partir de nuestro trabajo en el territorio, de la militancia y la vida, de muchos casos de violencia obstétrica”. La línea telefónica 144, que brinda asesoramiento y contención en casos de violencia de género, prácticamente no registró consultas ni reclamos de violencia obstétrica. “Nos preocupaba ver lo naturalizada que estaba la violencia en el embarazo, que ni siquiera podían hacer el reclamo.”
La violencia obstétrica está conformada por todas aquellas prácticas médicas que impiden a la mujer tomar sus propias decisiones en el momento del embarazo y del parto. Desde no brindar información sobre la medicación o los procesos a los que es sometida la mujer, no respetar sus pautas o costumbres culturales, acelerar el parto artificialmente o llevarla a cesárea, en los casos en que se pueda evitar, impedirle estar acompañada en cualquiera de los momentos del parto, hasta separarla de su bebé luego del nacimiento, entre otras. Es algo poco reconocido por los médicos y por las víctimas en general, y a veces puede llegar a situaciones extremas.
Montenegro dice que hay que empezar a entender que “una mamá a punto de parir tiene un montón de miedos y  necesita, aunque se atiendan cien partos por día, que ese parto sea único. Es su parto, su momento.”
“Hemos tenido casos de mujeres que mueren víctimas de abandono de persona o mala praxis al tener a sus bebés. Pasa muchísimo en el interior del país”, explica Victoria. “Hace poco nos enteramos de que en la provincia de Mendoza, en algunos lugares, si las mujeres entran con un aborto inconcluso, les hacen el legrado sin ningún tipo de anestesia: una forma de adoctrinar para que no lo hagan de vuelta. Por eso es importante que esa denuncia ingrese en la línea 144: en tal hospital tal médico hizo esto. Y así poder actuar con todas las herramientas del Estado y de la ley”, agregó
Desde la subsecretaría que dirige Montenegro, pensaron en una herramienta que fuera simple, práctica y fácil de llevar. Así nació la idea de la guía de bolsillo, basada en la Ley 25.929 de Parto Humanizado y la 26.485 de protección integral a las mujeres: “Antes, durante y después del embarazo ¡Tenés derechos!”. Con dibujos alusivos y frases breves, la guía será repartida a mujeres de todo el país a través de todas las dependencias nacionales, provinciales y municipales de la mujer, en hospitales y consultorios. Para que las mujeres sepan cuáles son sus derechos y a quién recurrir en caso de que no se respeten. 
“Cuando una mujer se termina de empoderar -nosotros como argentinos tenemos el mejor ejemplo: las Madres y las Abuelas-, cuando las mujeres que atravesaron determinada situación y que se pueden parar sobre esa situación y construir a partir de eso se ponen en marcha, bueno, ya está, han cambiado la historia”, dice Victoria.
La sociedad argentina cambió en los últimos años. Lo dicen las leyes de protección integral de las mujeres, el reconocimiento de la figura del “femicidio”, la ley de parto humanizado y tantas otras. “Yo tengo una imagen de cuando era muy chica de lo que eran las parejas, por ejemplo en una telenovela, creo que con Arnaldo André y Luisa Kuliok, donde él la golpeaba. Era ‘la’ novela, con un montón de puntos de rating y el momento que todos esperaban era cuando él la agarraba y la golpeaba. Y eso era la pareja. Hoy no existiría esa posibilidad”, explica.
Montenegro está convencida de que la sociedad argentina cambió, pero aún falta: “Creo que los argentinos como sociedad estamos tomando conciencia de los importante que es trabajar en serio con la problemática de la violencia de género, que es algo muy complejo que no se va a solucionar con globos”.
Recuerdos de la muerte
La historia de Victoria es conocida: fue secuestrada junto a sus padres el 13 de febrero de 1976, cuando tenía apenas 13 días de vida. Herman Tetzlaff, luego su apropiador, fue el jefe del operativo. Medía dos metros y pesaba 145 kilos. Hace cuatro años, cuando el cuerpo de su papá Roque “Toti” Montenegro fue restituido por el Equipo Argentino de Antropología Forense, Victoria supo que sus padres vivieron varios meses en cautiverio antes de morir, y pensó por primera vez en su mamá, Hilda Ramona Torres, como madre.
“Hasta ese momento yo creía que a mis papás los habían matado en el enfrentamiento, la misma noche del secuestro. Y eso te da un poco de calma, por lo menos. Cuando me entero de los vuelos y de Campo de Mayo, que entendemos que es el destino de ellos, o nuestro destino, ahí sí fue una de las pocas veces que me enojé realmente con Tetzlaff, mi apropiador, que ya había fallecido”, dice.

“Pero lo vi tan grande a él, tomé dimensión de lo enorme que era él y de lo chiquita que era mi mamá, y que hacía diez días había dado a luz. Ahí fue la primera vez, cuando aparece papá, que me dolió en el cuerpo, que me dolió porque soy mamá, porque parí,  porque sé todo lo que pasa después del parto, los miedos, el dolor físico que te deja el parto y lo dimensioné a él tan grande y a ella tan chiquita de cuerpo, tan vulnerable. Esa fue la primera vez que pude pensar en eso.”



domingo, 8 de marzo de 2015

8 de marzo

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.

Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.




 Gioconda Belli







viernes, 6 de marzo de 2015

Historia de una sobreviviente que lucha

En 2002, su marido intentó asesinarla dos veces en la misma noche. Ella sobrevivió para contarlo y pedir justicia, algo que no obtuvo, porque el fallo consideró como atenuante que ella habría sido infiel. El caso llegó a la CIDH, patrocinado por el CELS.

Por Mariana Carbajal

La historia de Ivana Rosales, una sobreviviente de la violencia de género y víctima de una Justicia machista llega mañana a la pantalla de la TV Pública. El documental Ella se lo buscó, que aborda el caso de la mujer neuquina, cuyo esposo trató de asesinarla dos veces en la misma noche –primero ahorcándola y luego golpeándola brutalmente con unas piedras– será emitido el sábado a las 13.30, como parte de la programación especial por la conmemoración, el domingo, del Día Internacional de la Mujer. “El de Ivana es un caso paradigmático, de extrema gravedad, de violencia contra las mujeres que refleja la impunidad que reina en casos similares por la complicidad de una Justicia que interviene de manera discriminatoria, perpetuando condiciones que restringen la igualdad sustantiva en nuestro país”, señaló a Página/12 la abogada Edurne Cárdenas del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), entidad que la patrocina en una demanda contra el Estado argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Se trata del primer caso de violencia de género por el cual el país fue denunciado en el fuero internacional.
El título de la película, de la directora cordobesa Susana Nieri (ver aparte), refleja el mensaje que la Justicia dio sobre el intento de femicidio que sufrió Ivana. En 2003, la Cámara Segunda en lo Criminal de la ciudad de Neuquén encontró a su esposo, Mario Garoglio, culpable de “intento de homicidio agravado”, pero lo condenó a cinco años de prisión –menos de la mitad del máximo previsto para ese delito–, porque consideró que hubo “atenuantes” que justificaron su conducta. Supuestamente, ella le había sido infiel. El caso quedó impune porque él nunca cumplió condena –se mantuvo prófugo hasta que prescribió la pena– ni ella pudo apelar el fallo. Hoy, lo sucedido está en estudio ante la CIDH. En la denuncia presentada en 2005 ante la comisión “se plantea que el Estado argentino ha violado distintos derechos humanos reconocidos en el Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos, entre ellos el derecho a la igualdad, a la defensa, a justicia, y a la integridad personal”, explicó Cárdenas.
–¿Qué sensaciones se le despiertan al ver el documental sobre su propia historia?
–Una mezcla de muchas cosas. Impotencia, porque ha pasado más de una década del ataque y del juicio y hoy se sigue viviendo lo mismo. Lo veo en otros casos de mujeres a las que acompañamos a nivel judicial. Hay leyes que no se aplican. Las cabezas de mucha gente de la Justicia no se han abierto. Y también siento dolor por esa criaturita que no está. Mi hija no va a volver y creo que hay cosas que se podrían haber prevenido.
Ivana Rosales tiene 40 años, se ha convertido en activista por los derechos de las mujeres y trabaja en la oficina del Inadi de la ciudad de Neuquén. Se sigue sobreponiendo a las consecuencias de la violencia machista: su hija mayor, Mayka, que había sufrido abusos sexuales por parte de su padre –durante un régimen de visitas que la Justicia no frenó después de que Garoglio intentara asesinar a Ivana–, se suicidó hace poco más de dos años. El hombre fue condenado por abuso sexual de sus hijos a cuatro años de prisión y hace pocos meses recuperó la libertad.
La violencia machista le dejó otras marcas, algunas más visibles que otras: cicatrices en toda la cabeza y el rostro, parálisis facial del lado izquierdo y epilepsia postraumática. Fue como consecuencia de la brutal paliza que recibió de quien era entonces su esposo –empleado jerárquico de una empresa de servicios petroleros–, en la noche del 18 de abril de 2002. Creyéndola muerta, Garoglio fue a su casa, se despidió de los tres hijos de ambos y se entregó en la comisaría de Plo-ttier, localidad en la que todavía vive Ivana, a 25 kilómetros de la ciudad de Neuquén. La policía encontró viva a Ivana. Garoglio quedó preso, pero a los 50 días fue liberado porque la carátula de la causa fue morigerada de “tentativa de homicidio calificada por el vínculo” a “lesiones graves”. Y luego recibió una condena atenuada por argumentos sexistas y discriminatorios, que nunca cumplió.
“El caso de Ivana ocurrió en el año 2002; trece años después, sigue vigente la necesidad imperiosa de realizar programas continuos de capacitación y sensibilización en temas de violencia contra las mujeres, con perspectiva de género, a funcionarios públicos y población en general. Teniendo en cuenta la experiencia vivida por Ivana es importante el compromiso de asegurar la asistencia, participación y acompañamiento de las víctimas en todas las etapas de procesos de violencia de género”, señaló Cárdenas.
–¿Qué medidas de reparación pedirán para Ivana si prospera la demanda?
–Desde que el caso fue presentado ante la CIDH en la Argentina ha habido importantes avances legislativos. Sin dudas la sanción, en 2009, de la Ley Nacional 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres. También la sanción de leyes provinciales para adaptar sus normas a la legislación nacional representa un hito. Una agenda de reparaciones orientada a la no repetición de casos como el de Ivana Rosales implica necesariamente un compromiso firme para la implementación de la ley en todo el país. En este sentido, se hace necesario que el Estado nacional y los estados provinciales otorguen presupuestos adecuados a las áreas competentes –indicó Cárdenas.

Página 12






En el marco del mes de la mujer, este sábado 7 de marzo, a las 13.40 se presenta por primera vez para la televisión, el documental "Ella SE LO Busco" de Susana Neri con presentación de Horacio Verbitsky, por la TV Pública

jueves, 8 de enero de 2015

Todas putas

Por Natalia Pandolfo

Siglos pesan sobre las espaldas de una mujer que sale a la calle y tiene que soportar que un tipo le diga obscenidades. Bajar ojos al piso, ponerse auriculares, tener esa vergüenza de quien se siente en falta.

Siglos se desploman sobre el lomo de una mujer que cree que está bien que su macho la controle. Que le diga esto sí, esto no: que entienda que hay una lógica razonable detrás de cualquier tipo de imposición. Siglos retumban en los oídos de una mujer que piensa que, a lo mejor, si se pone esa minifalda alguien podría entender lo que no es: que se viste pensando en un atajo.

Son siglos los que pegan la bofetada en el rostro de esa mujer que piensa que bueno, que él es así, que cada tanto se pone violento pero que en el fondo no es malo. Que ya va a cambiar: y en el ya, a veces, le va la vida. Son siglos los que tensan los músculos de esa mujer que cree que a lo mejor ella lo provocó, que quizá si no se hubiera ido así vestida hoy no estaría llorando. Son siglos los que desvirtúan el pensamiento de un tipo que cree que su mujer es suya: que le pertenece, que hay una cadena imaginaria que los liga: una esposa.

De repente, el mundo explota en toda su violencia cuando una mujer dice que no. Una mujer que dice que no es una contradicción insalvable en la cabeza de tantos: necesitan matarla, descuartizarla, violarla, quemarla, apuñalarla, asfixiarla, ahogarla, desaparecerla, para saber que finalmente tenían razón, claro que tenían razón, cómo iba a decir que no si mirá cómo se viste, si no estudia ni trabaja y anda yirando todo el día por ahí. Los discursos que tallaron la historia estallan con su feroz potencia en el cuerpo de una mujer que dice que no.

Alguien dice la palabra feminismo y alguien se burla o le opone, como si empardara, machismo. La diferencia entre ambos puntos es la que existe entre la vida y la muerte. El feminismo no mata. Sólo defiende, se defiende, pone una compresa a la herida de siglos de dominación y violencia. Intenta mantener en pie, frente a tanta tempestad, aquel viejo ideal del respeto y la igualdad.

En la costanera, dos chicas caminan y conversan. Un señor pasa en bicicleta, disminuye la velocidad hasta llegar al paso de hombre y empieza su eterno y asqueroso sermón. Ellas se incomodan, caminan más rápido, él acelera y sigue, siempre sigue, impunemente, dueño. Hasta que una de ellas, la más chica, se da vuelta y le arroja a la cara un rosario de insultos. El señor aumenta la velocidad y desaparece. Ellas vuelven a su calma -o hacen como que. 

El tipo que esta tarde le dijo algo al oído, solapadamente, a la nena de doce años que pasaba por su cuadra, es el que se horroriza ahora, sentado en su sofá, su vaso de cerveza su diario su perro, ante el cuerpo muerto expuesto en la tele y reproducido en los canales como triunfal noticia del día. 

Desapareció fulana. Encontraron el cadáver de mengana. Desapareció sultana. Desesperada búsqueda de paradero. Hallan asesinada a la joven. 

Y hablan de pasión, las pantallas y las páginas prostituyen la palabra, dicen crimen pasional como si la pasión fuera eso, como si un crimen pudiera acaso iluminarse con el halo sagrado de las pasiones: como si no pudieran ver el oxímoron en lo que dicen y escriben.

—¿De qué murió?

—De pasión.

En Argentina, ocurre un feminicidio cada treinta horas: hombres matan a mujeres que consideran de su propiedad. Cada treinta horas, muere una mujer por el sólo hecho de serlo -y todos seguimos viviendo como si nos importara tan poquito. Cada paso en el universo cotidiano exuda modos de dominación. Desarticularlos, pensarlos, ubicarlos en el plano de la crítica, ponerles un reflector para mostrarlos en toda su dimensión es tarea de cada uno. Acaso sea ésa una buena forma de empezar a decir basta.


El Litoral

domingo, 21 de diciembre de 2014

Teoría King Kong

Tenientas corruptas*


Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro.

Me parece formidable que haya también mujeres a las que les guste seducir, que sepan seducir, y otras que sepan casarse, que haya mujeres que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños que salen del colegio. Formidable que las haya muy dulces, otras contentas en su feminidad, que las haya jóvenes, muy guapas, otras coquetas y radiantes. Francamente, me alegro por todas a las que les convienen las cosas tal y como son. Lo digo sin la menor ironía. Simplemente, yo no formo parte de ellas. Seguramente yo no escribiría lo que escribo si fuera guapa, tan guapa como para cambiar la actitud de todos los hombres con los que me cruzo. Yo hablo como proletaria de la feminidad: desde aquí hablé hasta ahora y desde aquí vuelvo a empezar hoy. Cuando estaba en el paro no sentía vergüenza alguna de ser una paria, sólo rabia. Siento lo mismo como mujer: no siento ninguna vergüenza de no ser una tía buena. Sin embargo, como chica por la que los hombres se interesan poco estoy rabiosa, mientras todos me explican que ni siquiera debería estar ahí. Pero siempre hemos existido. Aunque nunca se habla de nosotras en las novelas de hombres, que sólo imaginan mujeres con las que querrían acostarse. Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado. Incluso hoy que las mujeres publican muchas novelas, raramente encontramos personajes femeninos cuyo aspecto físico sea desagradable o mediocre, incapaces de amar a los hombres o de ser amadas. Por el contrario, a las heroínas de la literatura contemporánea les gustan los hombres, los encuentran fácilmente, se acuestan con ellos en dos capítulos, se corren en cuatro líneas y a todas les gusta el sexo. La figura de la pringada de la feminidad me resulta más que simpática: es esencial. Del mismo modo que la figura del perdedor social, económico o político. Prefiero los que no consiguen lo que quieren, por la buena y simple razón de que yo misma tampoco lo logro. Y porque, en general, el humor y la invención están de nuestro lado. Cuando no se tiene lo que hay que tener para chulearse, se es a menudo más creativo. Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen. Son, sin embargo, mis cualidades viriles las que hacen de mí algo distinto de un caso social entre otros. Todo lo que me gusta de mi vida, todo lo que me ha salvado, lo debo a mi virilidad. Así que escribo aquí como mujer incapaz de llamar la atención masculina, de satisfacer el deseo masculino y de contentarme con un lugar en la sombra. Escribo desde aquí, como mujer poco seductora pero ambiciosa, atraída por el dinero que gano yo misma, atraída por el poder de hacer y de rechazar, atraída por la ciudad más que por el interior, siempre excitada por las experiencias e incapaz de contentarme con la narración que otros me harán de ellas. No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar. Nunca me ha parecido evidente que las chicas seductoras se lo pasen tan bien. Siempre me he sentido fea, pero tanto mejor porque esto me ha servido para librarme de una vida de mierda junto a tíos amables que nunca me habrían llevado más allá de la puerta de mi casa. Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable. Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, ésas a las que los hombres no les hacen regalos, ésas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa, las que querrían ser hombres, las que se creen hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les dan igual los hombres pero a las que sus amigas interesan, las que tienen el culo gordo, las que tienen vello duro y negro que no se depilan, las mujeres brutales, ruidosas, las que lo rompen todo cuando pasan, a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demasiado rojos, las que están demasiado mal hechas como para poder vestirse como perritas calentonas pero que se mueren de ganas, las que quieren vestirse como hombres y llevar barba por la calle, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas porque están acomplejadas, las que no saben decir que no, a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con cambiar de nariz pero que no tienen dinero para hacerlo, las que están desgastadas, las que no tienen a nadie que las proteja excepto ellas mismas, las que no saben proteger, esas a las que sus hijos les dan igual, esas a las que les gusta beber en los bares hasta caerse al suelo, las que no saben guardar las apariencias; pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los que tienen ganas de que les den por el culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos.

Porque el ideal de la mujer blanca, seductora pero no puta, bien casada pero no a la sombra, que trabaja pero sin demasiado éxito para no aplastar a su hombre, delgada pero no obsesionada con la alimentación, que parece indefinidamente joven pero sin dejarse desfigurar por la cirugía estética, madre realizada pero no desbordada por los pañales y por las tareas del colegio, buen ama de casa pero no sirvienta, cultivada pero menos que un hombre, esta mujer blanca feliz que nos ponen delante de los ojos, esa a la que deberíamos hacer el esfuerzo de parecernos, a parte del hecho de que parece romperse la crisma por poca cosa, nunca me la he encontrado en ninguna parte. Es posible incluso que no exista.



*Primer capítulo de “Teoría King Kong”, de Virginie Despentes