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jueves, 20 de octubre de 2011

Alan Pauls sabe de lo que habla cuando habla sobre mujeres

Subrayo este párrafo de la entrevista que le realizaron al periodista y escritor Alan Pauls porque me encantó como habla sobre las mujeres.

“¿Qué les debés a las mujeres de tu vida?

Probablemente les debo casi todo. Siempre me intrigó de una manera casi sobrenatural el modo en que las mujeres piensan el mundo, viven el mundo, miran el mundo... Y en un punto las considero como marcianas, son como lo otro absoluto, en relación conmigo, con los hombres... y siempre fueron para mí como un objeto de análisis, de curiosidad. Cuando mi mujer quedó embarazada y me enteré que iba a tener una hija dije: ¡esta es la mía!, ¡voy a ver cómo se forman!(lo dice frotándose las manos). Uno ve siempre a las mujeres ya formadas, incluso cuando tenés cuatro años y te las encontrás en el jardín de infantes o en la plaza, ya las ves formadas, no sabés muy bien cómo llegaron ahí. Así que cuando me dijeron que sería una nena pensé que iba a estar muy cerca del secreto, de ver cómo se forma el secreto. Y por supuesto, las mujeres son tan geniales que ni siquiera un bebé te muestra el secreto. Te lo muestra, y cuando vos querés agarrarlo, te lo quita. Después empiezan a crecer, y la narrativa del crecimiento es tan genial que ya te olvidás de que lo que querés es el secreto, lo único que querés es ser atontado, narcotizado. O sea que todo eso fue fallido, pero creo que a mi pobre hija también la estoy convirtiendo desde hace rato en un objeto de análisis. Me parece que les debo casi todo porque son la diferencia, y asomarme a esa diferencia para mí es una experiencia genial. Nunca en la vida me aburrí con una mujer, puedo haber odiado a mujeres, me pueden haber maltratado, puedo haber sufrido, pero nunca tuve una experiencia de tedio con una mujer. Puede sonar como abusivo lo que digo, como que las uso, pero creo que las relaciones entre los hombres y las mujeres son un poco así. Las protagonistas de mis novelas son mujeres, siempre hay como falsos hombres que protagonizan. Así que me siento deudor, sobre todo de ese interés que me inspiran, de esa curiosidad.”

La entrevista sigue en http://www.radiomontaje.com.ar/literatura/pauls.htm

sábado, 17 de septiembre de 2011

Palabra autorizada

Un taller de la Unidad 31 de la Cárcel de Ezeiza reúne a un grupo de mujeres privadas de su libertad para analizar la evolución de la prisión moderna... desde la prisión moderna.

Dos años atrás, un documentalista –David Bond– se preguntó si acaso era posible tener privacidad en Gran Bretaña. Su respuesta fue un film llamado Erasing David, donde el realizador y productor probó desaparecer un mes, con detectives privados –que sólo tenían su nombre y su foto– al acecho. Gracias a redes sociales, bancos de datos y cámaras de seguridad, en menos de 30 días Bond fue capturado. “Después de China y Rusia, Inglaterra es el tercer país más vigilado del mundo, con (casi) una cámara por persona; es una locura”, expresó el justificadamente paranoico muchacho brit.

El caso (un caso más) es sintomático: La sociedad de control está que arde y un simbólico panóptico de Bentham –aquel que permitía que el guardia echase el ojo sin ser visto– goza de tan buena salud que la publicación de 1975 de Michel Foucault no pierde vigencia. Con Vigilar y castigar, el –siempre lúcido– francés arrimó una explicación sobre las cárceles y el traslado del castigo físico a la “corrección disciplinaria”, de la ejecución pública y el calabozo a formas carcelarias más “blanquecinas”, formas donde la visibilidad se volvía (se vuelve) una trampa.

Más allá del evidente logro historizador al describir y teorizar sobre el desarrollo, las tecnologías y la economía del castigo en la era moderna, Foucault alcanzó un estadio analítico superior: Demostró que la prisión es un continuo, que la sociedad toda está atada a métodos de control no evidentes. La vida diaria y sus manifestaciones institucionales son vigiladas en pos de la “normalización” generalizada. El panóptico caló tan profundo que las torres son las personas, el otro, los espacios laborales y, así, al infinito.

Resulta –por lo menos– irónico entonces que 35 años después de su primera edición, el célebre texto haga el camino inverso y, tras transitar el campo académico con su tan difundida metáfora de realidad, vuelva –una vez más– tras las rejas, como lo hace cada quince días, a través de un taller de lectura y pensamiento llamado “En los bordes andando” (ELBA), organizado por el músico y docente universitario Luis “El Chino” Sanjurjo en la Unidad 31 de la Cárcel de Ezeiza.

Jueves sí, jueves no, Silvina, Liliana, Cynthia, Sandra, María José y otras internas –privadas ellas de su libertad– se reúnen en la biblioteca del penal y, en franco recorrido analítico, leen Vigilar y Castigar; repasan el nacimiento de la cárcel... desde la cárcel, mientras, por lo alto, una ventanita les hace de velador y deja pasar algunos hilos de luz filtrados por barrotes y un continuo de alambre de púa.

“Lo que se intenta es generar un espacio recreativo que permita la emergencia de la voz propia y sinceramente creo que, sin apelar a textos fuertes, se puede llegar a buen puerto. No es necesario buscar lo explícito-que-te-rompe-el-corazón. Lo positivo de Foucault es justamente el equilibrio: Es encarnizado pero tiene la distancia de la reflexión teórica”, repasa para Las12 Sanjurjo.

Entonces, de buenas a primeras, ya en clase, pide a las chicas que piensen la realidad como una olla de fideos; que el libro sea su colador. “¿Cuál es la cualidad específica de la hebra que están por sacar?”, inaugura Luis. “Pienso en conceptos como ‘Encarcelamientos readaptadores’, ‘Dispositivos de disciplina’ o ‘Política del cuerpo’, pero sigo sin encontrarle sentido a acumular personas para volverlas dóciles”, comenta Silvina, que –luego– explicará cómo agradece el espacio generado(r) para usar “la herramienta intelectual que te permite vivir de pie”.

Liliana –autora de Obligado Tic Tac, un libro cartonero que escribió en la cárcel y ha sido publicado– sacude la pluma; lee unas palabras que son suyas: “Ya no es el cuerpo; es el alma. A la expiación que causa estragos en el cuerpo, debe suceder un castigo que actúe en profundidad sobre el corazón, el pensamiento, la voluntad, las disposiciones...”. Para ella, la “evolución” del penitenciario tiene sus bemoles: “Ok, no tenés el castigo físico, pero hoy estás acá y mañana te mandan a La Pampa. A veces me pregunto si la gente sabe lo que eso significa para un ser humano...”. Silvia aporta su dosis de sentido: “¿Qué utilidad puede tener una persona que está pensando que la van a trasladar al sur cuando ya se acostumbró a un determinado lugar, tiene su trabajo y está estudiando?”.

No es la primera vez que el taller debate tópicos. La experiencia de ELba lleva tres años, varios autores y notables logros: Además de leer a Aníbal Karkowski, al Marqués de Sade, Maurice Merleau-Ponty, entre otros, ya han publicado tres revistas (la última, dedicada a los textos cortos que surgieron a partir de Vigilar y Castigar) e incluso realizaron una intervención artística en la Plazoleta del Obelisco el pasado abril (sus textos y frases estaban encerrados en jaulas y eran “liberados” por transeúntes curiosos). También participaron del disco homónimo de la banda Pléyades, Reggae Foucaulteano (del que Sanjurjo es vocalista) y, este año, dieron un recital en el penal que, según Sandra y Cynthia, “fue hermoso” y donde “no había diferencias entre autoridades e internas”: En total armonía.

Al fin y al cabo, se trata de conquistar terreno con batallas microscópicas y un objetivo en mente: Humanizar la experiencia carcelaria. “Ahora mucha gente dice: ‘Estas mujeres piensan’. No creen que solamente estamos comiendo guiso. Aunque todavía existen prejuicios muy arraigados como ‘¿en serio las presas escriben?’”, destaca Liliana. “La información que el grueso de la gente recibe está asociada a lo marginal, a lo tumbero y ni siquiera es crítica sobre el sistema; refuerza el morbo del preso como amenaza”, comenta Luis quien, en su taller, palpa la fisura, la mide, la parte. Porque, como explica la contratapa de la revista ELBA, “‘ser’ no es lo mismo que ‘estar’ preso”.


Por Guadalupe Treibel

Fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-6750-2011-09-16.html

miércoles, 3 de agosto de 2011

De la mujer ancestral a la transgresora

La psicóloga Liliana Mizrahi, trabaja sobre la culpa impuesta por la sociedad a las mujeres que desafían la imposición cultural de ser madres bajo cualquier circunstancia.

Cambió el turno a una paciente y dispuso su porteño consultorio de Belgrano para la entrevista. “¡Aquí esta la prueba de galera!”, exclama, enfática, Liliana Mizrahi mostrando la tapa de su último libro a punto de entrar a imprenta: Mujeres libres y crímenes sociales.
Sobre este trabajo, seguramente 
polémico como todos los anteriores, y los temas que la empecinan escribe Mizrahi.


–En la década de 1980 a mane­­ra de prólogo de su libro “La mujer transgresora”, su colega Tato Pavlovs­ky dijo que usted “escribe a través de sus cicatrices”. ¿Lo sigue haciendo?

Ya no escribo desde las cicatrices porque tengo muchas menos heridas, escribo desde la experiencia y el deseo de que las mujeres tengamos libertad para decidir sobre nuestros cuerpos.

–Todos sus libros de ensayos (y también los de poemas) tienen a la mujer cómo protagonista. ¿Hoy persistiría la crisis entre la mujer “ancestral” y la “transgresora”?
La mujer ancestral es la mujer del patriarcado, obediente, sumisa, secundaria, silenciosa, aislada del mundo público. La mujer transgresora es la que desacata esos mandatos de no-crecimiento. Levanta la voz, desarrolla su pensamiento, transgrede para crear espacios nuevos. Recrea. Esa tensión entre ambos aspectos existe porque ese conflicto es el motor de los cambios y transformaciones que las mujeres hacemos.

–A través de otros escritos, en particular “Mujeres en plena revuelta”, prevé una gran movilidad en la conciencia femenina. ¿Estamos ante esos cambios?
Estoy convencida de que hay una gran movilización en muchísimas mujeres. Algunas tienen o se autoimponen un techo para crecer, otras no. Hay más referentes mujeres para identificarse con conductas de libertad. Hay reconocimiento de los pactos de no-crecimiento y rupturas. Hay una mayor y más profunda conciencia de género. Hay menos mujeres dispuestas a someterse o callarse.

–Acaba de lanzar un libro por internet llamado: “Mujeres libres y crímenes sociales”, donde se cuestiona entre otras temáticas la maternidad como algo “natural”. ¿No querer ser madre es una gran transgresión?
No querer ser madre, en una cultura patriarcal, muestra que esa mujer “no está bien de la cabeza”. Esa decisión es un deseo condenado, un estigma, una mala mujer, una mujer desnaturalizada, una mujer sin sentimientos. Esto promueve la creencia que la maternidad es obligatoria y no lo es, ni podría serlo. El cuerpo de la mujer está preparado para gestar, eso es natural en tanto propio de la naturaleza, no quiere decir que si no quiere gestar deba hacerlo. No creo que lo haga. Las mujeres tenemos el derecho de decidir nuestras maternidades. No nos reconocen ese derecho todavía.

–¿Pero qué pasa con las mujeres que no quieren ser madres? ¿Hay mucha culpa en elegir?
Sí, hay culpa, en mayor o menor grado. Depende de qué mujer estamos hablando. Una mujer de conciencia evolucionada, dueña de sí misma, con otros proyectos para su vida donde la maternidad no cuenta, se sabe responsable de una decisión importante, no siente lo mismo que una mujer con un coro griego que la mira y la acusa y la condena por ese mismo deseo.

–¿Por qué percibe que hay poca implicancia masculina en el debate sobre la despenalización del aborto?
El tema del aborto siempre se entendió como “cosas de mujeres”. La poca implicancia masculina en “cuestiones de mujeres” es tradicional y habla de los varones, que por otro lado, parece que están empezando a evolucionar. Esta lucha no es contra la maternidad ni contra la vida, ni contra la familia, es una lucha para tener libertad para decidir.

–Otra de sus aseveraciones es: 
“Esta cultura mata de muchas maneras”.
Sí, creo eso. Esta cultura mata a través de políticas económicas que matan más lentamente, pero matan igual. Se mata de muchas maneras: excluyendo al individuo del mercado laboral, discriminándolo, dejando a generaciones carentes de educación, instrumentos para pensar y trabajar, una educación que lo socialice y lo integre. Se puede matar por hambre, por frío, por extrema soledad y abandono, por falta de cuidados médicos. Porque los chicos están en la calle. Hay mucha gente muerta caminando por la calle. Llamo muerta a esa persona incapaz de cambiar, transformarse, conocerse, evolucionar. Se mata con una botellita de alcohol y un fósforo. Con una aguja de tejer o un tallo de perejil. ¿Acaso no comemos cadáveres a menudo?

–Ante una realidad que muchas mujeres perciben injusta ¿es mejor adaptarse u oponerse?
Si una realidad es injusta, adaptarse es sobreadaptarse, es decir adecuarse a lo inadecuado. Aguantar, soportar. En este tema las mujeres damos cátedra. Es al revés: se trata de aprender a no sobreadaptarse, no adecuarse a lo inadecuado. No naturalizar la injusticia. No soportar lo insoportable. Creo que es mejor poner límites, oponerse, resistir, levantar la voz y entre muchas el griterío va a ser tal que nos van a escuchar. Por eso hablo de los temas que de los que se suponen no debemos hablar. Y es al revés, hay que hablar de la trata de personas, de la descriminalización del aborto, de la libertad para decidir, de la pedofilia, de la Iglesia, de la violación en familia.

–¿Cuál es su opinión acerca del porqué de la abrumadora cifra de “feminicidios”? ¿Se producen más que en épocas pasadas o tienen más visibilidad?
- Es grande la violencia entre varones y mujeres y ese también es un tema de debate. Muchas mujeres no reconocen la violencia como violencia, no entienden el insulto como insulto, necesitamos poder pensar esa realidad. Falta prevención primaria, incluir en las materias escolares estos temas. No es difícil matar una mujer, no tenemos la fuerza muscular de un varón, pero lo importante es que las mujeres se quedan ahí donde las maltratan hasta que las matan.

–En el capitulo final de “Mujeres libres y crímenes sociales” involucra a la Iglesia, ¿usted dice que el mundo ha cambiado y la Iglesia no acompaña ese cambio?
La Iglesia está petrificada en el tiempo y lamentablemente tiene poder sobre muchas cabezas acríticas. Pobre Jesús, nunca imaginó esto y estaría bien triste si viera lo que sucede: cómo la Iglesia está detenida y no evoluciona con el tiempo con lo cual deja de acompañar y ayudar a muchas personas. Al estar detenida en el tiempo, está ausente de las realidades que no quiere ver o no quiere asumir como responsabilidad. La sexualidad de los jóvenes es su responsabilidad y sin embargo le falta “sentido común”, una conciencia más humanizada acerca de la realidad de estos tiempos. Me parece que las mitras doradas no tienen un pensamiento inteligente, tienen un pensamiento dogmático, cristalizado y que no es bueno para la gente salvo para los creyentes de mentiras patriarca­­­-
les. Pobre Jesús ¿qué le diría a los sacerdotes pedófilos y mentirosos, y a 
los que bendijeron armas o los que le dieron la comunión a genocidas, a los que calmaron la conciencia de los pilotos de los vuelos de la muerte? Pobre Jesús. La iglesia católica crucifica a Jesús para defender su dogmatismo anacrónico.

Por Bibiana Fulchieri

Fuente:

http://www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/mujer-ancestral-transgresora


El libro está en internet:

http://vamosacambiarelmundo.org/wp-content/uploads/2011/06/Aborto.pdf




jueves, 24 de marzo de 2011

Cuestionar la representación de las mujeres en el arte




















Un impulso artístico que dio marco a cuestiones feministas.

Cerca de la entrada a "The Deconstructive Impulse" (El impulso deconstructivo) en el Museo de Arte Neuberger de Nueva York, se encuentra la fotografía en blanco y negro "Seduction" de Lynn Hershman del año 1988. En ésta, una mujer posa frente a la cámara recostada en una cama. Lleva puesto un vestido negro corto y zapatos de tacos altos, pero en el lugar de la cabeza, hay un aparato de televisión que encuadra sus ojos enormes cerrados y cargados de rimmel. La fotografía es una de 68 obras de 22 artistas estadounidenses que sostienen la premisa de la muestra, enunciada con audacia en su subtítulo: "Mujeres artistas reconfiguran los signos del poder, 1973-1991".

El deconstructivismo en el arte busca desmontar y re-contextualizar materiales de los medios convencionales para poner al descubierto mensajes potencialmente nocivos. Hasta ahora, la interpretación establecida era que los hombres dirigían el deconstructivismo. Al organizar "El impulso deconstructivo", las curadoras, Helaine Posner y Nancy Princenthal, tuvieron la intención de poner las cosas en su lugar.

"Es la primera muestra que hace una reseña de los aportes de las mujeres al deconstructivismo", dijo Posner, curadora principal del Neuberger, quien describe la muestra como "una exposición revisionista" sobre la base de 25 años de perspectiva.

Temas relacionados con la autoría y la autenticidad, los peligros del estereotipo, y el racismo, el clasicismo y el sexismo en los medios son abordados en grabados, afiches, pinturas, fotos, videos e instalaciones. La muestra, que ocupa tres grandes espacios de sala, está organizada en seis secciones ­"Experiencia femenina", "Mascarada", "Apropiación", "Medios masivos", "Moda" y "Crítica de las Instituciones Culturales"­ que ilustran diferentes abordajes del deconstructivismo.

"No sólo nos dimos cuenta de que las mujeres estaban a la vanguardia de este movimiento sino que también muchos de los temas abordados habían surgido del feminismo", dijo Princenthal, que anteriormente fue jefa de edición de Art in America.

En "Experiencia femenina", seis fotos de la serie "Early Color Interiors" de Laurie Simmons, de 1978 y 1979, presentan montajes elaborados de casas de muñecas donde la muñeca ama de casa suburbana lleva a cabo rituales cotidianos.

En "Semiotics of the Kitchen", un video de seis minutos realizado en 1975, Martha Rosler muestra el uso de utensilios de cocina conocidos con un tipo de humor particularmente agresivo. En la sección "Apropiación", los trabajos de Sherrie Levine, usan la fotografía y la pintura para copiar obras de artistas masculinos destacados como Stuart Davis, Kasimir Malevich y Walker Evans. Otras artistas utilizan la apropiación para criticar las industrias de la información y el entretenimiento. En su video "Technology/Transformation: Wonder Woman", realizado en 1979, Dara Birnbaum reorganizó clips de series de televisión para dirigir la atención de los espectadores hacia la descripción sesgada de su superhéroe vestido con un atuendo mínimo. En "Verbs", Sarah Charlesworth reprodujo una primera plana de The New York Times de 1978, pero extrajo todo excepto sus verbos e imágenes. "Al hacer cambios selectivos, dijo Posner, está hablando de cómo podrían los diarios manipular nuestra comprensión de la información". "Estas artistas fueron muy visionarias", dijo Posner.

"Hablamos de la saturación de los medios en los años 80, pero los medios ahora han invadido nuestras vidas de una manera absolutamente generalizada".

Probablemente el comentario más categórico en la muestra se refiera al arte propiamente dicho ­en tres afiches de Guerrilla Girls, un colectivo de artistas feministas formado en 1985. En uno de éstos, "Do Women Have to be Naked to Get into the Met.

Museum?" (¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar en el Metropolitan?), un desnudo recostado en una pose clásica sostiene con fuerza un plumero y lleva una máscara de gorila. El texto en el afiche responde a la pregunta del título: "Menos de 3% de los artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero 83% de los desnudos son femeninos". "Las generaciones más jóvenes de artistas mujeres han sido beneficiarias de todo el trabajo realizado previamente", dijo Posner. "El feminismo abrió muchas posibilidades para ellas, de modo que quizá su conciencia de ser mujeres no necesite ser tan central como lo fue varias décadas atrás. El feminismo de verdad cambió al mundo".


POR SUSAN HODARA - The New York Times

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/arte/las_mujeres_en_el_arte_0_449355290.html

domingo, 13 de marzo de 2011

El género de Internet

A diferencia de los hombres, que destinan un buen tiempo a actividades lúdicas y de esparcimiento, las mujeres utilizan más la web para fines prácticos y para optimizar tiempos en sus ocupaciones. Un estudio presentado por Google Argentina muestra la cara femenina de la red.

Alejandra apaga la alarma que le indica que es hora de levantarse. Ya no usa despertador porque su teléfono smartphone lo ha desplazado hace algún tiempo. Toma su celular cual mascota y, mientras prepara café, echa una mirada a los mails en el pequeño aparato. Cuando llegue a su oficina podrá contarle a su jefe que ya gestionó –desde su celular– los más urgentes. Habrá también chequeado en las redes sociales en qué andan los de su entorno laboral, habrá visto las principales tapas de los diarios o sitios de noticias, escuchado la radio o la música que más le gusta, todo desde el mismo aparato. Ya no llama más desde allí a sus mejores amigas para pasarse algún chisme: les lee en el Facebook o el Twitter, o ambos, y en varias redes más. Y lleva en el chat del móvil a más de la mitad de sus compañeros de oficina.

Pero pese al caso de Alejandra y el de otros tantos otros más de trabajadoras on line, ¿cuán efectiva es la tecnología para las mujeres? Cuáles son, además, los principales intereses con relación a ella? La semana de la mujer suele ser un buen momento para diagnosticar cómo está el panorama entre las mujeres y las diferentes disciplinas profesionales y/o educativas. Sobre todo porque es entonces cuando aparecen los principales datos relevantes y reflexiones calificadas sobre la temática. Un estudio presentado por Google Argentina informa que las mujeres, que constituyen el 51 por ciento de la población argentina –pero sólo el 45,7 de la población mundial de Internet, o sea 10 puntos abajo con relación a los hombres, según un estudio de ComScore–, utilizan Internet básicamente como un medio para optimizar el tiempo. Alejandro Zuzenberg, gerente de Operaciones de Ventas On line de Google, que presentó el estudio, se manifestó sorprendido por este resultado. ¿Ahorrar tiempo? Sí, multitasking a la fuerza, muchas entienden perfectamente el ritmo y la dinámica de redes de la Internet, porque lo que practican virtualmente es ni más ni menos que las multitareas que realizan en su vida diaria real.

El dato de optimizar el tiempo del estudio de Google indica que, por ejemplo, uno de los principales usos es en lo que se conoce como “momento cero”, cuando se inicia el proceso de compra, investigando en Internet. Buscan promociones, descuentos y ofertas en la web tanto de marcas preferidas como de servicios en los que están interesadas. También consultan sobre entradas a espectáculos, libros y tecnología que no siempre compran on line.

El estudio se realizó a través de TNS Research International (empresa especialista en investigaciones de mercado) para conocer las preferencias, hábitos y consumos de las mujeres argentinas en Internet. Fue realizado sobre mujeres con edades comprendidas entre los 15 y 60 años, divididas en tres segmentos predeterminados –estudiante, profesional y familia– para contar con información diferenciada sobre el comportamiento de un ama de casa, una estudiante universitaria y una profesional.

Del estudio se desprende que más del 60 por ciento de las mujeres encuestadas tiene acceso a Internet en su hogar y que los buscadores y el correo electrónico figuran entre los dos medios más usados como fuente de información.

Además, más de la mitad de ellas se conecta al menos una vez al día. Las grandes perdedoras son, en este sentido, las amas de casa, que se sitúan entre los 22 y 37 años, cuando las ocupaciones familiares llevan la delantera y las hacen retroceder varios casilleros en el uso de Internet: 6 de cada 10 se conectan una vez a la semana.

En el segmento de las estudiantes, según el estudio de Google, se conectan en un 89 por ciento semanalmente y en un 75 por ciento diariamente. Pese a que en la etapa de la madurez, luego de los 40 años, se intenta recuperar esos índices, nunca se llega a la fantástica proyección que se vislumbraba en la juventud: 6 de cada 10 se conectan diariamente.

Los buscadores son la fuente de información principal dentro de Internet. El 83 por ciento de las mujeres utiliza estos sitios para llegar a la información que necesitan encontrar. La música, los contenidos educativos y los viajes son los temas que más del 30 por ciento de las mujeres prefieren buscar. Internet es la fuente de información a la que más acuden las mujeres (más del 57 por ciento), luego de ver anuncios de productos de su interés en otros medios. Uno de los principales motores de entrada a las web de productos son los precios u ofertas (72 por ciento) y las promociones (51 por ciento) que las ayudan a comprar a un costo menor. Consultada sobre el uso de la tecnología por parte de las mujeres en Argentina, Fernanda Santoro, directora de Marketing y Operaciones de Microsoft Argentina y Uruguay, aseguró: “Internet ofrece hoy una plataforma que contribuye con la flexibilidad y la practicidad que buscamos las mujeres. Nos ayuda a tomar mejores decisiones de compra, antes de hacerla efectiva. Nos permite comparar, preguntar y enriquecer nuestra experiencia como consumidoras en la generación de relaciones de comunidad”.

En ese sentido, las mujeres son influenciadoras calificadas a la hora de recomendar marcas, opinar sobre productos y servicios, por ejemplo. Su creciente participación en las redes sociales (son mayoría en términos generales), hace que cada vez más el marketing y la publicidad ponga el ojo en las mujeres en general. Esta podría ser una explicación de por qué hay tantas promociones on line y cupones de descuentos dirigidos a este segmento. Las mujeres latinoamericanas que acceden a Internet son las más sociales: dedican el 52 por ciento de su tiempo a las redes, frente al 37 por ciento que ocupan en número las europeas (datos de ComScore, junio de 2010).

Pero lo que puede ser óptimo para la vida personal y profesional del género no siempre es tan tangible si se habla de su desarrollo en las carreras y opciones laborales relacionadas con la tecnología. Santoro sugiere que “la tecnología ofrece espacios de trabajo más productivos y colaborativos, porque podemos estar conectados sin permanecer en la oficina cada minuto de nuestras vidas. Esta cultura de la colaboración es una pieza fundamental en una visión de diversidad integradora, en ambientes que favorezcan la creatividad y la innovación, creando verdaderos equipos donde la productividad también se basa en un balance entre nuestra vida personal y el trabajo”.

Microsoft es una de las compañías del sector que tiene en cuenta este balance. Pero también tiene muy en cuenta que en la segunda brecha digital, la de la especialización, es donde se nota la más amplia diferencia entre mujeres y varones.

Si bien luego de la entrada femenina en el mercado laboral donde la tecnología de entonces dio en todas partes del mundo mecanógrafas, tipistas, telefonistas, entre muchas otras ocupaciones, hace al menos 10 años que, en la era Internet, las mujeres no pueden atravesar el famoso techo de cristal, esta vez “digitalizado”. El problema sigue la tendencia que se da también en otras áreas laborales y que llevan a diferentes estudios a concluir que apenas el uno por ciento de los puestos de CEOs en el país están ocupados por mujeres.

Un párrafo aparte merece la problemática de la conectividad. Si bien en América latina aumentó el uso de Internet en un 23 por ciento desde 2009, las mujeres representan solamente el 8 por ciento de la audiencia global de Internet. Posiblemente, esta sea la brecha digital más importante. En Asia, los índices de conectividad alcanzan en cambio el 39 por ciento, en Europa el 28 por ciento y en América del Norte el 17.

Educación, motivación y planes acordes a las necesidades, y un análisis donde se contemplen las razones sociales y tecnológicas de esta segunda brecha son las apuestas necesarias –según las especialistas calificadas– para lograr que, algún día, Alejandra y muchas más dejen de ser empleadas rasas y se conviertan en jefas.


Por Paula Carri


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-164041-2011-03-13.html

domingo, 13 de febrero de 2011

Ay, el amor (sin morir en el intento)

El año pasado, igual que años anteriores, fui a la fiesta donde se anunciaba el Premio Clarín de Novela 2010. Como de costumbre, antes de abrir el sobre y develar quién era el ganador, hubo discursos, homenajes y un número musical. La encargada de ese número fue Soledad Villamil. Morocha y vestida de rojo, ni bien entró al escenario se apoderó de él y nos cautivó con su voz. Yo la escuchaba con placer. Sin embargo, cuando llegó el último tema algo empezó a incomodarme. La canción era realmente bella, pero un malestar corporal inespecífico que de a poco se fue definiendo como un repentino dolor de estómago, subió por el medio del pecho y terminó convertido en un nudo en la garganta que no me dejó disfrutarla. Y mientras tanto en mi cabeza se repetía la siguiente frase: “Yo no quiero eso, yo no quiero eso para mí”.

Con la obsesión por la causa-efecto (o causa-síntoma) que desarrolla años de psicoanálisis, intenté precisar cuál era la frase de la canción que interpretaba Villamil que me provocaba esa emoción. Pero enseguida la presentación terminó, vinieron los aplausos, la despedida de los músicos, y el anuncio de que de inmediato se abriría el sobre con el nombre del ganador. No había escuchado el título, pero sí que era música de Alfredo Zitarrosa y letra de Idea Vilariño. Brindis, felicitaciones para Gustavo Nielsen (el ganador del premio 2010), charlas con unos y con otros, despedidas. Recién cuando manejaba los cuarenta kilómetros que tenía que recorrer para llegar a mi casa, apareció otra vez la canción y el dolor de estómago, pero no la frase. Apenas un tarareo, un balbuceo que no lograba encontrar las palabras precisas que me trasmitían ese dolor. Cuando llegué me zambullí en Internet hasta que las encontré. Dicen en la web que cuando Zitarrosa leyó el poema de Vilariño se emocionó tanto que tomó una guitarra y se puso a cantarlo. Dicen que ella le pidió que lo grabara con el nombre: “La canción y el poema”. El estribillo es así:

Quisiera morir -ahora- de amor,
para que supieras
cómo y cuánto te quería,
quisiera morir,
quisiera ... de amor,
para que supieras …

Entonces al dolor de estómago y a las ganas de llorar se sumó la frase que se había repetido un rato antes: “Yo no quiero eso, yo no quiero eso para mí”. No quiero morir de amor. Y mucho menos morir de amor para que ése a quien ame, sepa. Tiene que saber mientras estoy viva, no cuando me muera. Y si no alcanza con que lo que diga y haga, si para saberlo necesita tal acto de sacrificio (morir de amor), entonces no sabrá. Quiero vivir en el amor, vivir enamorada pero no morir de amor. No quiero eso ni para mí, ni para mi hija, ni para mis amigas, ni para las hijas que algún día quizás tenga mi hija.

Y por supuesto que esta afirmación nada tiene que ver con el valor poético de una de las más grandes poetas uruguayas, sino con una advertencia, una alarma que suena ante el peligro. La educación sentimental de las mujeres, el concepto de lo femenino, del amor, de cuánto y cómo una mujer debe amar y demostrar que ama, se va configurando por los modelos sociales vigentes, los mandatos familiares y la tradición, en el mejor y en el peor sentido. Y eso nos llega por distintas vías, también a partir de los que nos presenta la televisión, el cine, la literatura.

La canción y el poema de Zitarrosa y Vilariño, me volvió a aparecer hace unos días cuando se repitieron una y otra vez, fuera de toda estadística, los casos de mujeres quemadas por sus parejas. Particularmente cuando oí decir a los especialistas que en muchos de estos casos si la mujer logra hablar mientras es llevada al hospital, en lugar de señalar al culpable, se preocupa por repetir: “Fue un accidente”. Tal como si respondiera a la consigna: “Si voy a morir, que sea de amor y demostrando cuánto y cómo amo”. O alguna consigna equivalente. En la película española del 2003 “Te doy mis ojos”, de Icíar Bollaín, Pilar (la protagonista) sufre la tremenda violencia física y psicológica de Antonio, su marido, y es justamente cuando ella decide darle una nueva oportunidad que le ofrece, desde la palabra, partes de su cuerpo, lo que le da nombre a la película. “Te doy mis pechos, te doy mi boca, te doy mis ojos”, ¿habrá algo más sacrificial que entregar al otro parte del cuerpo de uno? Suena bello, puede ser una poética metáfora, pero no ayuda a la educación sentimental si se lo toma literalmente, ni siquiera en el plano de lo inconsciente. Ese tipo de frases implica una entrega extrema, tan extrema que se lleva la vida con ella. Tal vez una reescritura más sana para la mujer sería algo del estilo: “Puedo darte mis besos, darte mis caricias y darte mi mirada, puedo besarte y mirarte y acariciarte las veces que los dos queramos, pero mis manos son mías, mi boca es mía, y mi cuerpo es mío, aunque te ame”. Claro, ni por asomo es tan poético, pero no estamos hablando de poesía sino de la construcción de un imaginario.

Roland Barthes hizo uno de los mejores aportes a la comprensión de lo que implica la “voz” del amor, sus palabras, sus frases, y sus signos, en “Fragmentos del discurso amoroso”. Para entender ese discurso recurre a Werther, el joven personaje de Goethe que se suicida por amor y produce un efecto de contagio en otros jóvenes (reales) de su época. Pero también recurre, entre otros, a Platón y su Banquete, a San Agustín, a Baudelaire, a Proust, a Nietzsche, a Freud, a Lacan, a Winnicott, al Zen. Porque a través de los discursos de todos ellos se fue configurando ese discurso amoroso que Barthes desarma en cada frase, un discurso con el que podemos sentirnos totalmente identificados porque tiene algo de inconsciente colectivo. Entonces, si digo “quiero morir de amor” o “te doy mis ojos”, tengo que tener presente que eso responde a un modelo de discurso amoroso histórico y social, y decidir si es el modelo que deseo hoy para mí.
Pero estamos hablando sólo de estar atentos al lenguaje, no de temerle. De dominarlo y de no repetir frases impuestas por otros que hoy no nos sirven. Las palabras son imprescindibles en el amor. Lo dice así Barthes: “El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo”.

Sí, probablemente el lenguaje sea uno de los mejores puntos de contacto para dos enamorados, siempre que elijamos bien y con libertad qué queremos decir.

Por Claudia Piñeiro.
Escritora



Fuente: http://www.clarin.com/opinion/Ay-amor-morir-intento_0_426557463.html

sábado, 2 de enero de 2010

La belleza de las mujeres reales


La belleza del verano

El verano es ese tiempo en donde el agua puede ser hamaca, el cuerpo un sitio libre de tirantes en el cuello y ropas como repollos. El verano es esa estación que invita a que los dedos se descubran en los pies como individualidades que pueden estirarse, mojarse, pintarse, descalzarse o calzarse plataformas para navegar en la planta que sostiene al cuerpo y centra la caminata. El verano es esa temporada en que el tiempo sin tiempo tiene tiempo y las piernas pueden estirarse, los ojos cerrarse y la espalda doblarse haciendo lo que se supone que hay que hacer en verano: estirarse, remolonear, dormir, tomar sol, echarse.

El verano es, esencialmente, bello. Y, sin embargo, como una trampa, como una autotrampa, como una trampa a la que hay que sortear, ganarle o encontrar la manera en que la belleza no sea boba sino propia, el verano impone una belleza. Una belleza que no tiene ni dos ni tres. No hay bellas altas y delgadas. No hay bellas curvas y consistentes (menos que menos conscientes), no hay bellas livianas pero flojas de obligaciones y de carnes. Hay bellas que se casan con futbolistas, tienen hijos y muestran a los dos meses al bebé y a la cola y a las tetas hechas y a las dietas en viandas de astronautas y al gimnasio como trabajo y a la belleza como una belleza con la que hay que cumplir. O... ¿O? ¿Esconderse? ¿Tener vergüenza? ¿Reivindicarse? ¿Rebelarse? ¿Reubicarse?

La belleza tiene que ser una búsqueda propia en donde un aro naranja, un escote en bote, una blusa que descubre un hombro, un tajo que invita a seguir el corte de pollera, un dedo pintado de color coral o unos labios con brillo pueden ser —son— signos de belleza sin que todo tenga que combinar como si se tratara de una muñeca sin fallas.

La belleza es una cuota de ADN, un deseo de vestirse de violeta, unas ganas de trotar para sentirse más fuerte, de hacer yoga para estar más flexible, de nadar para romper las metas, de maquillarse para redescubrirse o de lo que cada mujer siente que es ser bella. O debería. O deberíamos. O casi tendríamos que revelarnos para revelar —cada una— nuestra propia sensación de belleza. Y no la que se supone que es, tanto, que la televisión —aún para la mayoría de los y las que la critican de chatarra— impone como dictadura única de cuerpo y espejo.

Pero que no implica, necesariamente, reivindicar la fealdad o el agrio sabor de no disfrutar los rincones mostrados y escondidos de la piel. Los sitios esbozados y gozados del goce del cuerpo. “La belleza es lo que uno transmite a los demás, la energía, el aura, es sentirse bello y quererse. La belleza es amor. Es un concepto plástico y psicológico. Tiene que ver con la autoestima, con el cuidado y con entender que cada una tiene que sacar lo mejor de sí misma pero siempre siendo una. Por eso es importante que nos cuidemos y nos mimemos pero que nunca olvidemos que todos y todas somos bellos”, sostiene la médica y psicóloga Edith Szlazer, directora del equipo interdisciplinario que conforma el centro BACE y fundadora de la Asociación Argentina de Bulimia y Anorexia.

En Magnolia antes de entrar se ven flores y después se enseña a respirar. La belleza no es meter la panza para que nadie vea que una mujer ha tenido hijos, sino intentar que una vuelva al cuerpo y que el cuerpo vuelva a una. “La búsqueda de la belleza está concebida como un estado de energía, de salud y de equilibrio que se refleja en el espejo”, resumen allí un estado que no es, no busca, no tiene por qué ser un estado físico sino unas ganas de ser. Y de intentar serlo. Un deseo. La belleza tal vez se parezca a eso que se dice tanto por estos días, mientras las mujeres pican, comen o beben con culpa, con eso que tendría que ser un sentimiento en extinción —la culpa— pero estalla en el verano como una ola imparable. En cambio, los deseos, buenos deseos, tendrían que ir más allá de formalidades y brindis y formar las formas con la que cada mujer se quiera formar y mostrar: su propia belleza.


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5419-2010-01-02.html

lunes, 28 de diciembre de 2009

El programa político de una vanguardista prudente

"Elvira López, junto a su hermana Ernestina, fue de la primera promoción en obtener el título de doctora en Filosofía desde la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires a principio de siglo. Lo hizo con una tesis doctoral, en 1901, titulada El movimiento feminista. Primeros trazos del feminismo en Argentina, que acaba de ser editada por primera vez por la Biblioteca Nacional. Este texto permite encontrar en Elvira López la figura de una vanguardista prudente, porque puede leerse como un programa político de anticipación a la vez que como el trazo de un límite inaugural a las posibilidades del feminismo en nuestro país.
1.

La tesis de Elvira López debe inscribirse en un itinerario también de vanguardia. López participó en 1900 de la creación del Consejo Nacional de Mujeres, y más tarde en el comité editorial de la revista de dicha institución. En 1906 ambas hermanas –hijas del pintor Cándido López– se suman al Centro Feminista, dirigido por una amiga de ellas, Elvira Rawson de Dellepiane, y conformado por otros nombres pioneros: Julieta Lanteri, Sara Justo, Alicia Moreau, Petrona Eyle, entre otras. Ellas elaboraron un petitorio sobre derechos para la mujer dirigido a la Cámara de Diputados, que fue presentado en 1911 por Alfredo Palacios y constituyó la base de lo que, quince años después, se aprobó como Ley de Derechos Civiles. En 1902, López, también con Rawson, fundó la Asociación de Mujeres Universitarias. Institución que impulsó en 1910 el Primer Congreso Femenino en Buenos Aires y que tuvo a las hermanas López como activistas.
2.

Volvamos a la lectura de El movimiento feminista. Primeros trazos del feminismo en Argentina. Sus advertencias, como corresponde, saltan en los primeros renglones, dan el tono de las páginas iniciales: buscan objetar la “utopía ridícula” de cierto feminismo que la autora evoca de manera irónica. Imaginemos que López prepara estas páginas con astucia táctica, con mesura argumentativa, para un jurado de varones que la examinará doblemente; por el tema: es la primera tesis sobre feminismo escrita en Argentina y en América del Sur; y por ser una de las primeras mujeres egresadas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. No es, como suele creerse en el recuento vulgar de las diferencias, que éstas se suman, como si fueran agravantes lineales de una condición de minoría. Más bien, es su composición la que genera una nueva superficie desde la cual pensar.

Las precauciones no son vanas: debe pasar por tres mesas examinatorias tras ser desaprobada en el primer intento. Su propósito es despejar malentendidos, del mismo modo en que se intentan desacreditar unos rumores que, aunque absurdos, han ganado fuerza de verdad por su circulación. Por eso la tarea es desmentir que el feminismo “se propusiera nada menos que invertir las leyes naturales o realizar la monstruosa creación de un tercer sexo” (el destacado es nuestro). Ante estas palabras, no podemos sino sorprendernos por el efecto que causan leídas en su reverso: ¡casi un siglo de anticipación temática y de vocabulario! De modo que vale la pena leer los reparos de López respecto del feminismo radical contra ellos mismos. O directamente leerla a ella en contra de sí misma.
3.

Desde hace varios años las filosofías y militancias feministas se han apropiado de la teratología: la narrativa de lo monstruoso como un saber de lo anómalo del cual partir, porque se lo tiene a mano, porque es propio. Como materialidad de una experiencia vivida de la cual destilar premisas teóricas, hacer proyecciones experienciales y vaticinar nuevos modos de vida. Haciendo de las exclusiones padecidas una condición epistemológica privilegiada y aprovechando las deformidades, lo raro (lo queer), para afilar una hermenéutica de la sospecha. Procedimiento estrictamente maquiaveliano: hacer de la debilidad, virtud. Y apostar así a una dramatización libidinal del concepto.

En esta perspectiva, la “creación monstruosa de un tercer sexo” –como ya vimos: invocada fantasmáticamente a principios del siglo pasado en esta tesis– es el nombre preciso que ha tomado, décadas después, la fuga de los binarismos simétricos, el hartazgo frente a los pendulares escarceos entre naturaleza y cultura y las grillas de una dialéctica estrecha entre femenino y masculino. Pero, por entonces, la académica argentina insiste en desacreditar un feminismo que anhelara “la transformación de la mujer en un ente anómalo, apartado de los fines para los que ha sido creada”. De nuevo: se trata de conjurar la anomalía. De aseverar que la mujer no subvertirá la comunidad.

Sin embargo, la anomalía ha prosperado. Como imagen que las perspectivas más radicales del pensamiento de posgénero han discutido –con nombres que van desde lo cyborg hasta lo poshumano– para nombrar ciertas aspiraciones y experiencias, como impulso de creación de otros sexos; sea un tercero, sea uno polimorfo. En todo caso: como un devenir-anómalo del deseo que obliga a redefinir la idea misma de comunidad.

Parte de ese desvío es el que, a la fuerza, ha logrado distinguir políticamente entre sexualidad y reproducción, argumentar que las viviendas son nuestras fábricas, y así desentrañar el patriarcado del salario y la devaluación del trabajo doméstico, promoviendo en el feminismo justamente aquello que López aseguraba, a quienes le temían, que no pretendía: “un ataque al orden social y a la religión”.
4.

El programa de derechos que esta tesista asume y defiende –donde el maternalismo como destino juega un papel decisivo– supone un límite político: la desestimación del derecho al voto femenino. Su argumento es que la mujer “...cuando desea lanzarse a la arena ardiente de las luchas políticas y escalar los puestos que las debilidades de su sexo y de su misión maternal le vedarán siempre, nos parece ridícula y nos inspira tanta compasión como aquellos que empleando un lenguaje y modales harto libres, creyendo dar muestras de independencia y de superioridad de espíritu, sin comprender que sólo consiguen convertirse en seres anómalos y repugnantes”. López ya lo advierte claramente: la conversión anómala es corolario de la lucha política.
5.

Entonces, ¿quién habla en esta tesis sobre el movimiento feminista? La posición enunciativa de la autora elude la primera persona, justamente una de las conquistas teóricas de las feministas. Sin embargo, podemos volver a la idea de pensar la táctica de la tesista frente al jurado: una de las funciones retóricas de este tipo de textos académicos es deponer la primera persona. Aparece un nosotros de otro tipo. Así podemos entender que López diga, hablando de las feministas: “Ellas son sinceras y merecen nuestra consideración” (destacado nuestro). ¿La consideración de quién? ¿De la comunidad académica-científica? Seguramente. Es también el lugar que le permite discriminar entre las “fanáticas” y las “sinceras”. Y situarse en un tono que, a la vez que condena a las mujeres que pretenden “parodiar” o “igualarse” a los hombres, justifica su presencia pública como “contrapeso al hombre, harto innovador y revolucionario”. El progreso es la síntesis o “armonía” que permitirá combinar moderación femenina e intrepidez masculina.
6.

La afinidad de las mujeres con las políticas sociales y de cuidado de los otros no se le escapa a López, que analiza las tempranas inclusiones institucionales de las mujeres en Inglaterra como poor laws guardians: encargadas de hospicios, hospitales y sociedades de beneficencia. Lo mismo respecto de su inserción en la administración colonial: “Su espíritu conciliador, el arte innato de persuadir, característico de su sexo, han servido allí (las Indias inglesas: de Birmania al Congo) para secundar la acción conquistadora, y el éxito que Inglaterra ha obtenido lo debe en parte a las mujeres”. La feminización de las funciones que López pone de relieve tiene un marcado funcionalismo pacificador –en términos sociales y coloniales– y consolidan parte de su argumentación hacia un feminismo filantrópico y moralizante.

En todo este recorrido, la cuestión de la educación (de la pedagogía a la higiene) será fundamental para ser “buenas esposas”, “buenas madres”. Y López lo plantea en este sentido, sentando precedente: “La mujer es naturalmente débil, la instrucción es quién debe darle fuerzas; el ejército de las pecadoras se recluta entre las más ignorantes, pues en uno como en otro sexo, es muy raro que a una superior cultura no vaya unida una moralidad también mayor”. Se trata de un feminismo de mujeres ilustradas, contra la frivolidad (efecto de la pura ociosidad) y la ignorancia. Es la tonalidad argumentativa y afectiva que caracteriza a las primeras feministas argentinas, en su casi totalidad letradas de clase media: confianza en el progreso unida al ideal ilustrado; creencia en la ciencia que fusiona socialismo y positivismo; confirmación del maternalismo como ideología natural de lo femenino.
7.

¿Y cuál es la situación de la mujer en Argentina? “Aquí el feminismo se manifiesta más que todo en el sentido económico; la mujer que concurre a las universidades y demás establecimientos de educación, lo hace sólo buscando un título con que hacer frente a la miseria y trabaja para labrarse una posición independiente en el ancho campo de actividad que nuestras generosas leyes le ofrecen. Las palabras emancipación y reivindicaciones femeninas, igualdad de sexos ante la legislación, etc., que el feminismo europeo pronuncia a cada paso, no tienen significado para ella.” Optimista, López, respecto de la legislación; y también respecto de la migración europea de varones “que contribuyen a la transformación de la raza” al unirse con las argentinas. Aclara, además, que la raza negra y asiática, así como la indígena, son un porcentaje ínfimo en la nación: “Esto es bueno recordarlo ya que no faltan, aun en Europa, quienes crean que indio y argentino son una misma cosa”. De estas afirmaciones, López concluye entonces “que el tipo de la mujer argentina está aún en formación”. Pero, evidentemente, excluye cualquier posible contaminación de la cultura indígena, negra o asiática. La propuesta feminista es de superación intelectual y económica de las mujeres, en paralelo a un ideal de depuración racial.
8.

¿Qué será la mujer nueva? Se lo pregunta López, retomando la pregunta del feminismo internacional, y se considera una testigo de la mujer de su época como un “tipo en transición”. Ella quiere, en todo caso, que la mujer del porvenir conserve “algo de esas antiguas matronas que veneran nuestros hogares” y algo de las “bienaventuradas” bíblicas alabadas por sus hijos y esposos. Sobre estas imágenes, traza los límites proyectivos e interpretativos del feminismo y asegura: “...el movimiento feminista no pretende apartar a la mujer de sus naturales funciones; cuando habla de emancipación debe entenderse que lo que quiere es sacarla de la ignorancia que la esclaviza, y que si la palabra reivindicación está inscripta en sus banderas, ella no es atentatoria para el hogar ni para la sociedad”. Vemos, espiralado, repetirse el movimiento de todo el texto (por cierto, dedicado a su madre): Elvira López introduce el término feminismo en Argentina y, al mismo tiempo, se propone como una cauta traductora. Le pone límites precisos, ofrece una exégesis tranquilizadora. Y, finalmente, lo confina al mismo tiempo que lo proyecta a una idea iluminista y progresista, confiada en la fuerza civilizatoria de la historia."

Por Veronica Gago

En partes, este texto pertenece al prólogo del libro El movimiento feminista. Primeros trazos del feminismo en Argentina.



Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5399-2009-12-28.html

domingo, 22 de noviembre de 2009

22 de noviembre, Día de la Música

En el año 1594 Santa Cecilia fue nombrada patrona de la música por el Papa Gregorio XIII y, a través de los siglos, su figura ha permanecido venerada por la humanidad con ese padrinazgo. Su fiesta es el 22 de noviembre, fecha que corresponde con su nacimiento y que ha sido adoptada mundialmente como el Día de la Música. El padrinazgo de la música le fue otorgado por haber demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos. Su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de la música.




Canción de Amor

Pido que las noches no se quiebren en tu luz
Y que las ventanas sean grandes para el sol
Cuando los almendros no se pasen de estación
Buscaré más flores para darte mi canción de amor.

Pido atardeceres en los cielos de Beltrán
Y que tus mañanas siempre sean para hablar
Cuando los jardines no se pasen de estación
Buscaré más flores para darte mi canción de amor.

Y si vos querés te voy a buscar
Para que los días no se vayan sin pensar.
Y si vos querés te voy a buscar
Y dejamos los caminos libres de humedad.

Pido tu mirada más alegre para mi
Y que toda el alma se disuelva en el amor
Cuando los almendros no se pasen de estación
Buscaré más flores para darte mi canción de amor.

Y si vos querés te voy a buscar
Para que los días se nos vayan sin pensar.
Y si vos querés te voy a buscar
Y dejamos los caminos libres de humedad.


Lisandro Aristimuño