martes, 21 de septiembre de 2010

Por los derechos de la mujer

"El premio, otorgado por la Dirección de la Mujer de la Ciudad, distingue el trabajo periodístico que transmite “una imagen de mujer en contra de los estereotipos de género”. Lo recibieron Mariana Carbajal, Nora Veiras y Sandra Russo.

Tres periodistas de Página/12 fueron distinguidas ayer con el premio Lola Mora, otorgado por la Dirección General de la Mujer de la Ciudad de Buenos Aires, en reconocimiento a su labor por haber transmitido “una imagen de mujer en contra de los estereotipos de género y que promueva la igualdad de oportunidades y sus derechos”. Las premiadas son Mariana Carbajal, Nora Veiras y Sandra Russo."

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Premio Lola Mora
"La Dirección General de la Mujer del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, entrega el Premio Lola Mora 2010 que según la ley 188/99 de la Ciudad, se otorga a los programas, publicidades y artículos de prensa escrita que mejor transmitan y difundan una imagen de las mujeres, que rompa con los estereotipos de género y promueva la igualdad de oportunidades y sus derechos."

“¿Por qué Lola Mora?, porque esta escultora maravillosa, tuvo que luchar en un medio hostil, en una sociedad que en su tiempo le tenía reservada a las mujeres el matrimonio y la maternidad. Su rebeldía fue revelarse contra ese mandato, por eso sus obras y su vida tuvieron que pagar un alto precio. […] Este homenaje en su nombre lo es también para todas las mujeres que se animan a desafiar una sociedad machista sin doblegarse jamás en la promoción de los derechos igualitarios de varones y mujeres.”


Fuentes:
http://www.agendadelasmujeres.com.ar/index2.php?id=3&nota=8448

Dirección General de la Mujer. Secretaría de Desarrollo Social. Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Silvia Vera Ocampo presentó su libro Arte y Género en el Museo Roca

El 20 de septiembre, Silvia Vera Ocampo presentó su último libro Arte y Género en el Museo Roca, Instituto de Investigaciones Históricas de la Ciudad de Buenos Aires. El panel de disertantes estuvo integrado por Rosa Faccaro, Mirta Henault, Teresa Nachman, Lily Sosa de Newton y Leo Vinci. Con la presentación a cargo de Ana María Ramb.

Ana María Ramb, periodista, fue la que coordinó la charla entre los presentes y comenzó la presentación con una conocida fraseUno no nace mujer, Se hace.” de Simone de Beauvoir, que escribió en el libro El Segundo Sexo. “Un libro donde abrió la cabeza a muchísimas mujeres, es que esto de hacerse mujer es cosa de todos los días”, comentó.

Luego habló Lily Sosa de Newton, historiadora, biógrafa y ensayista, quien felicitó a Ocampo por su maravillosa obra y destacó la cantidad de material reunido allí, “Es de una riqueza inmensa y un material exquisito, que hace a uno reflexionar. Fue un placer leer tu libro”, dijo. Ella estudió magisterio porque su padre no la dejó estudiar en la universidad y destacó las palabras que le dijo en su momento: “Todas mis hijas serán maestras, no van a ir a machonear a la universidad”, cuando pronunció estas palabras todo el público presente rió y ella explicó que en esa época no era común que una mujer entrara a estudiar una carrera universitaria; fue su marido escritor quien la alentó a escribir sobre la historia de las mujeres, y explicó que desde chica guardó recortes de revistas y de diarios de mujeres importantes, que fue una tarea ardua pero valió la pena porque hoy la consultan sobre ese material elemental que tiene entre sus manos, “son carpetas enormes que tengo guardadas”, comentó. Y fue así que se desempeñó en escribir sobre la historia de las mujeres de nuestro país. Hoy a sus 90 años está escribiendo su actual libro.

La siguió Leo Vinci, escultor argentino, quien recalcó la obra de Ocampo y agregó que los hijos de América son descendientes de europeos en un 50 por ciento porque el otro 50 es aborigen, lo dijo a modo de introducción al comentar el capítulo donde Silvia habla de las Culturas Aborígenes Americanas Precolombinas. “Es arte que proviene de las raíces aborígenes”, dijo. Felicitó a Silvia por la historia mundial que reunió y que da una mirada global. Y además añadió que hoy día son cada día más las mujeres que estudian y crean arte, por ejemplo en su Taller de Escultura el 80 por ciento de sus alumnos son mujeres y antes era al revés, hoy las mujeres agarran las herramientas como los hombres, ya no se mide la fuerza por distinción de género. Y comentó que cuando daba clases en la Escuela de Bellas Artes al principio había dos aulas de varones y una de mujeres, y al tiempo fue a la inversa, eran más mujeres que hombres.

Ramb comentó que ellos dos no esconden el año de sus nacimientos, y agregó Lily Sosa de Newton nació en el año 1920 y Leo Vinci, el único hombre en la mesa, nació en 1930.

Rosa Faccaro, Crítica de Arte y Profesora de Artes Visuales, y amiga de Ocampo, que la acompañó en la presentación de su anterior libro. Destacó el material reunido en el libro que es un libro que revisa la historia del Arte construido por las mujeres y que es necesario su escritura. Lo cual añadió que ella fue la primera mujer en ser crítica de arte y le fue muy difícil ser la única mujer, pero luego de varios años de lucha y de trabajo se estableció como tal. Explicó que su trabajo no es con el objetivo de competir con el sexo opuesto sino en sumar y apoyarse mutuamente para crear y respetar la cultura. Fue la primera en traer el Arte Textil a la Argentina. Y comentó que hoy sufre como la mayoría de los establecimientos de la Ciudad de Buenos Aires problemas edilicios en la escuela donde da clases, y por esos motivos dicta las clases en la calle.

Al finalizar la presentación, Ocampo respondió con su voz bajita y serena algunas de las preguntas del panel, contó que le llevó dos años en escribir este libro, en la satisfacción que le dio en hacerlo, y dejó la puerta abierta para una segunda parte pero admitió que no sería ella quien lo continuase. Fueron pocas las palabras que enunció por el poco tiempo pero fueron contundentes para que el público se levantara y se amontonara en el escenario a saludarla.

Sobre el libro

Ocampo logra que el lector tome conciencia, que reflexione sobre un montón de interrogantes, y lo hace de una manera equilibrada, objetiva y justa. Responde en forma completa cada pregunta que se hace y lo explica con ejemplos y vivencias. Tiene una mirada profunda, deja en claro que la mujer no quiere ocupar un lugar en el arte para competir con el hombre sino que pueda sumar, complementarse y compartir. Reúne una completa investigación y hace un aporte enorme al revisionismo histórico femenino. Nombra entre muchas Artistas de América a Frida Kahlo, Raquel Forner y Lola Mora, y por supuesto, a la novelista y filósofa francesa Simone de Beauvoir. Mujeres Artistas que marcaron el camino y que dijeron en voz alta lo que pensaban, sin tabúes, sin el pánico al qué dirán, y actuaron libremente en épocas que la mujer estaba atada a las tareas domésticas y ocultas socialmente. Ocampo reúne un pedacito de todas ellas en ella misma. Ocampo es Arte y es Género, lo demuestra en cada línea de su libro.


Claudia Perez

jueves, 12 de agosto de 2010

“Arte y Género” el último libro de Silvia Vera Ocampo

"La mujer fue marginada del arte hasta tal punto que, cuando se descubrieron los primeros registros rupestres en las grutas de Pech Merle, en Francia, se dio por supuesto que los autores habían sido varones, conclusión sólo posible por el patrón de pensamiento paternalista. Pero las investigaciones arqueológicas finalmente comprobaron que fueron mujeres quienes realizaron esas pinturas para fines religiosos.
Arte y Género, el último libro de Silvia Vera Ocampo, protagonista del ambiente plástico argentino es un análisis global y estructural de la historia del género femenino en el arte a lo largo de la historia de la humanidad, arrojando luz sobre las causas de la supresión femenina de la historiografía artística y de los grandes museos.
Contra ciertas corrientes del revisionismo femenino que apuntaban a un ocultamiento de la mujer en las artes a lo largo de la historia, Ocampo explica que en realidad aconteció algo más grave:
el impedimento al crecimiento y desarrollo artístico del género, dando origen al mito patriarcal de la incapacidad creadora de la mujer, interpretando a la represión como incapacidad expresiva.
Silvia Ocampo nos lleva a recorrer tres grandes líneas sobre el género en el arte. La primera, que abarca al período prehistórico hasta las sociedades maternalistas de Creta, Lesbos y Cnosos, muestran la participación femenina activa, y anónima, en los tipos artísticos dentro de lo mágico y religioso. Una segunda etapa que duró ocho mil años y que abarca toda la historia escrita, signada por la marginación y represión masiva correspondiente al paternalismo y que llega con el acceso restringido de la mujer al arte en el Renacimiento y las Cortes del Absolutismo. Finalmente el ensayo llega a la tercer etapa sobre la participación femenina activa y protagónica que se corresponde al sistema mixto y equitativo.
Derribando falsas conclusiones,
Silvia Vera Ocampo presenta este nuevo aporte al Revisionismo Histórico Femenino sin descartar ningún perfil, abriendo el espectro del debate y recorriendo con una mirada penetrante la presencia de la mujer desde el paleolítico europeo hasta la incorporación de las mujeres en las artes plásticas, durante el siglo XX, en Latinoamérica y Argentina.

Silvia Vera Ocampo: pintora, dibujante y ensayista, se graduó del Profesorado Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Estudió con Demetrio Urruchúa y Eduardo Orioli e integró el Grupo del Plata hasta su disolución en 1964. Sus obras recorren el mundo desde la década del '60, dejándose ver en ciudades de América y Europa.
En 1980 publicó su primer ensayo,
El equilibrio de los sexos. Análisis de la problemática femenina; y Los roles femenino y masculino, ¿condicionamiento o biología? vio la luz en 1987 por el que en 1990 recibió el reconocimiento “Alicia Moreau de Justo a una actitud de vida”. Seis años más tarde publicó en conjunto con otras autoras Feminismo. Ciencia. Cultura. Sociedad, y en 1994 Mujeres en la cultura argentina del siglo XIX.
Sus obras forman parte de las exposiciones permanentes del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el Museo Eduardo Sívori, el Museo Social Argentino, Museo Municipal de Bellas Artes de Tandil. Su enorme trayectoria llevó a que fuera incluida en las obras de Romualdo Burguetti Nueva Historia de la Pintura y la Escultura en la Argentina (1991), Breve Historia de la Pintura Argentina Contemporánea de María Laura San Martín (1993), Diccionario Biográfico de Mujeres Argentinas, de Lily Sosa Newton y en el Diccionario de Artistas Plásticos de Argentina, realizado por Gesualdo y otros en 1988.
Es autora del Proyecto M.A.A.P. (Museo Argentino de Artistas Plásticas) y preside la Asociación de Amigos del mismo desde su fundación en 1999.
En 2005 fue nominada por la ONG suiza “PeaceWomen Across the Globe” entre las “1000 Mujeres para el Premio Nobel de la Paz”."

Por Gabriela Pomi & Gabriel Martin

umlaut.press@gmail.com








Título: Arte y Género
Autora: Silvia Vera Ocampo
Páginas: 221

Editorial: Nuevohacer




Autorretrato autobiográfico de Silvia Vera Ocampo. Las etapas de su vida representadas en un mismo cuadro.



jueves, 15 de julio de 2010

El derecho a la igualdad llegó al matrimonio

"Tras más de quince horas de un debate intenso, los senadores decidieron cambiar el Código Civil. Lo hicieron por 33 votos a favor y 27 en contra. Hubo festejos y emoción. La Argentina es el primer país en América latina que establece esa ampliación en el derecho civil.
Después de 15 horas de sesión ininterrumpida, después de tres meses de discusión en comisión, después de tres años de campaña de la comunidad gay-lésbica, el Senado aprobó a las cuatro de la madrugada de hoy en general el proyecto de ley que establece la posibilidad de que las parejas del mismo sexo puedan casarse en igualdad de condiciones con las parejas heterosexuales. En la primera votación se rechazó el dictamen de mayoría de la comisión, lo que permitió votar la media sanción de Diputados. Esa votación registró 33 senadores a favor del matrimonio igualitario, 27 en contra y tres abstenciones. Argentina se convirtió así en el primer país sudamericano en legalizar los matrimonios homosexuales."

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Por Soledad Vallejos

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“¿A qué llama ‘familia’ la Iglesia?”

No podía dejar afuera un tema tan importante como la realidad que vive la Argentina sobre el histórico debate que se está llevando adelante por el matrimonio igualitario y la posibilidad de la adopción entre personas del mismo sexo.
¡Todos tenemos que tener los mismos derechos ante la ley!


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“A partir de la cuestión del matrimonio entre personas del mismo sexo, el autor advierte sobre la intervención de la Iglesia Católica: “Que una forma histórica sea presentada como natural exige uniformar, homogeneizar, y ésta es una razón por la cual las jerarquías eclesiásticas se adaptaron mejor al orden de las dictaduras que al desorden democrático”.

Hay una suposición: que existen expertos, especialistas científicos, de la psicología, de la biología, de la genética, de la jurisprudencia, que son llamados a decir sus ocurrencias con los vestidos de la ciencia. Cierta ingenuidad y también un poco de impostura alientan esta especie de bullicio democrático que la pobreza y mediocridad teológica que domina en nuestro medio confunde con un aquelarre.

No voy a apelar a documentos etnográficos ni recordar las múltiples estructuras de parentesco que existían y que persisten para subrayar el carácter social e histórico de algunas instituciones de las culturas, entre ellas el llamado matrimonio. Esta idea romana que adquirió un estatuto jurídico en nuestro Occidente, facilitaba que una mujer pasara de la tutela, protección o servidumbre respecto de su padre a la obediencia a un marido que garantizaba el carácter “legítimo” de sus hijos. Hay todavía huellas de este modo de dominación, pero también es cierto que existen muchas otras formas de convivencia social, también familiares, que no se reducen al matrimonio y están hoy reconocidas por el derecho.

No es imprescindible el matrimonio para “conyugarse”, para establecer un “enlace” o para “contraerlo”, como ocurre a veces con un resfrío. Hay innumerables palabras que hablan de aquellas huellas a las que hemos aludido. Por lo demás, el “matrimonio entre personas del mismo sexo” es una denominación poco feliz. En primer lugar porque suele ocurrir que cada una de las personas tiene el suyo y obligarlas a compartir “el mismo” me parece una extralimitación abusiva. Se agrega a ello que cualquier ojeada histórica sobre el matrimonio entre personas –como se decía hasta hace poco– de “sexo opuesto” deja ver que se trata de uno de los escenarios preferidos de la famosa disputa o guerra entre los sexos, gente extraña que muchas veces se encapricha, precisamente, en compartir el mismo sexo.

Es fácil advertir que no soy un fanático del matrimonio, del matrimonio a secas, aunque esa falta de humedad atenta contra institución tan respetable. Y como en nuestro país existe un casamiento civil, tampoco me parece conveniente instalar alguna instancia jurídica que supervise la fe, la buena fe como condición de un casamiento religioso, cualquiera sea la religión. Eso se conoce con el nombre de separación del Estado y la Iglesia.

La cuestión que se discute puede pasar desapercibida entre tanto ruido. No se trata de saber si hay formas psicopatológicas de la sexualidad, como de la injerencia de las autoridades de la Iglesia Católica argentina, que pretende legislar sobre nuestros amores y goces sexuales. Tiene todo el derecho a sostener su posición sobre esos asuntos y tratar de incidir sobre su grey; ningún derecho sobre esa pretensión.

Es difícil hablar de esto sin historiar las complejísimas relaciones que existieron entre la Iglesia y los gobiernos de Perón, en algún momento idílicas, en otros ásperas y hasta incandescentes. No hay lugar aquí para recordar esos antecedentes. Pero hay que decir que en aquellos tiempos la Iglesia acentuó su milenaria tendencia (que se remonta a los años 300) a recostarse en el Estado, en el poder secular, perdiendo confianza en su influencia espiritual para alcanzar sus fines. También es cierto que en nuestro país esto lleva el sello de estilo de la Iglesia española, que colocó la tarea de evangelización bajo el paraguas de lo que era el imperio nacional.

En febrero de 1929, Mussolini, por Italia, y el cardenal Gasbarri, en representación de Pío XI, firmaron un tratado político y un acuerdo económico por el cual quedó establecido el Estado soberano de la Ciudad del Vaticano. Más pequeño que la República de San Marino, pero con más predicamento, fue reconocido por la legislación internacional y mantiene relaciones diplomáticas con otras naciones. El jefe de ese Estado es el Sumo Pontífice, quien reúne en su persona funciones ejecutivas, legislativas y judiciales. Algo más efectivo que un mero DNU, lo que ahorra varios inconvenientes. Para ocupar ese cargo no se requiere haber nacido en ningún lugar específico: todos los cardenales que tienen residencia en el Vaticano tienen nacionalidad vaticana sin perder la de origen. Por dar un ejemplo, si Francisco de Narváez tuviera la vocación y aptitud adecuada, no encontraría en su nacionalidad un obstáculo para su candidatura. Se trata de un Estado propiamente dicho, que acuña su moneda, que dispone de sus servicios económicos, sanitarios, educativos, y como se le reconoce una misión espiritual, sus dignatarios intervienen en la política de otros Estados sin las trabas que encuentran o la prudencia que se espera de los diplomáticos de otros países. Gozan de una inmunidad ecuménica de límites insondables, como fue el caso, por dar otro ejemplo, del obispo castrense monseñor Baseotto, quien proponía medidas apocalípticas para proteger la salud pública.

Hace ya siete años circula en lengua italiana un Lexicón de la Iglesia Católica, que define a la homosexualidad como un “problema psíquico”, “contrario al vínculo social”. Fidelísima con la doctrina de Estado de la Santa Sede, la Conferencia Episcopal Argentina emitió en abril de este año un documento que declara: “La unión de personas del mismo sexo carece de los elementos biológicos y antropológicos propios del matrimonio y de la familia”.

Es difícil (pero ocurre) que un psicoanalista se haga el sordo a estas afirmaciones presentadas como consideraciones espirituales sobre instituciones sociales e históricas. Cuando los psicoanalistas escuchamos a sacerdotes homosexuales, no nos encontramos con una circunstancia clínica que no sea política. Resulta que llegan a la consulta por su condición de sacerdotes y no por su homosexualidad, convencidos de que la Iglesia no tiene la menor idea de cuáles son “los elementos biológicos y antropológicos propios de la familia”. Es cierto, como dice Juan B. Ritvo (Página/12, 3 de junio de 2010), que el inconsciente se presta poco a las discusiones parlamentarias, “a lo mejor porque conmueve las bases mismas de la sociedad civil en el particular ligamen del erotismo con la muerte”. Estoy de acuerdo, y ese plano no es ajeno a la política, así como la política no se reduce a las discusiones parlamentarias. Como el inconsciente, ella entra cada tanto a los consultorios de los psicoanalistas.

El cardenal Jorge Bergoglio no dejó pasar la oportunidad del Tedeum del Bicentenario para rechazar el matrimonio entre personas homosexuales durante su homilía. Y ya antes, el Arzobispado había declarado que: “Dado que el Poder Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires es el garante de la legalidad en la ciudad, el jefe de Gobierno, a través del Ministerio Público, tiene la obligación de apelar el fallo”. Esta intervención de un argentino, y que es legítima para cualquier argentino sea o no jesuita, resultaría inadmisible para cualquiera que tuviese una investidura concedida por otro Estado, aunque fuera nativo de estas tierras y tuviera motivos espirituales análogos.

Pero, ¿a qué cosa llama “familia” la Iglesia? ¿Qué entiende por “matrimonio”? ¿Recordará que Israel fue la Esposa de Dios (antes de que se prostituyera)? ¿Tiene en cuenta que ella es “Esposa” de Cristo aunque Jesucristo tiene miles de “Esposas”? ¿Por qué llama “hermanos” y “hermanas” a personas que no están unidas por ningún lazo jurídico o de sangre? ¿No hay en la Iglesia “Padres”, “Madres”, “Hijos”? ¿Tendríamos que pedirles que concurran a los tribunales terrenales a legitimar esos títulos? Me disculpo, pero la pregunta me resulta irresistible: ¿no faltan abuelos y nietos? ¿O todo esto es un modo de hablar sin consecuencias? No lo creo.

Todo es más pobre. La Iglesia acepta más o menos llamar “familia” a la unidad de consumo burguesa compuesta por mamá y papá casados con hijos concebidos (no sólo pensados) dentro de un matrimonio consagrado (y extiende su benevolencia a formas cercanas). El problema es que quiere hacer pasar esta forma de la familia como la forma “natural”, base de la estructura social (también natural) y condición de la reproducción de la especie (aunque la especie se las arreglaba bastante bien antes de la existencia de la Iglesia).

El problema lo enunciamos al comienzo. Que una forma histórica (de cualquier institución) sea presentada como natural de la especie humana es plantear una exigencia de uniformar, de homogeneizar, de universalizar, una especie de “globalización” avant la lettre. Y para ello, ¿qué mejor recurso que apelar a una legislación que imponga o prohíba? Es por eso, entre otras razones –pero ésta es una razón un poco descuidada–, que las jerarquías eclesiásticas de la Iglesia Católica Argentina se han adaptado mejor al orden que impusieron los gobiernos dictatoriales en nuestro país que a los desórdenes democráticos.

Debe ser penoso para los cristianos convencidos que una de sus iglesias crea que la ley perfecciona al creyente mejor que la gracia.”

Por Jorge Jinkis *

* Psicoanalista. Director de la revista Conjetural. Autor del libro Indagaciones, de reciente aparición (ed. Edhasa).

[http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-149045-2010-07-14.html]