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miércoles, 8 de mayo de 2013

Para visibilizar el aborto

El film Yo aborto. Tú abortas. Todxs callamos, de Carolina Reynoso, fue preestrenado ayer. Siete mujeres, entre ellas la ex diputada Cecilia Merchán y la misma directora del film, relatan su propia experiencia sobre la interrupción de un embarazo.

“Yo aborto. Tú abortas. Todxs callamos.” La frase interpela e incomoda a la vez. Y es el título de un documental, que se preestrenó ayer, en el marco del 4º Festival Internacional de Cine por la Equidad de Género Mujeres en Foco. Y que aborda un tema que puede incomodar (a muchos). En el film, siete mujeres, de distintos sectores sociales, incluida la directora Carolina Reynoso y la ex diputada nacional Cecilia Merchán, rompen el silencio sobre sus propias experiencias en relación con el aborto clandestino, y sus palabras ayudan a derribar mitos y a reflexionar sobre una práctica –frecuente más de lo que se presume– que está penalizada en el país. En una entrevista de Página/12, Reynoso contó las motivaciones que la llevaron a realizar el documental y se mete también con la hipocresía que rodea la problemática del aborto y con la ausencia de debate legislativo en relación con la despenalización. “Son necesarias más intervenciones simbólicas como esta película para lograr una revolución cultural a tal punto que la legalización del aborto sea una problemática que no pueda de ningún modo soslayarse en la agenda política”, opinó.
Una fotógrafa de nacionalidad boliviana que vive en Buenos Aires, una psicóloga social, una psicóloga, una murguera y ama de casa y una referente mapuche son las otras protagonistas de este documental. Ellas, junto a la ex diputada y a la directora, dan la cara, cuentan y opinan sobre el aborto. Y desarman mitos.
Reynoso está emocionada por la proyección. Es su ópera prima. La película es su forma de militancia por la despenalización del aborto. “Después de que me hice un aborto pasé por un largo silencio. Un día, en una charla casual, una chica que no conocía mucho me contó con mucha naturalidad que ella se había realizado un aborto. Para mí fue revelador. Yo creía que era la única mujer en el mundo que se había hecho uno. A partir de ahí empecé a vislumbrar que éramos un montón las mujeres que interrumpimos un embarazo y que no sólo podíamos contarlo, sino que debíamos contarlo, para que otras mujeres no sean silenciadas, invisibilizadas y criminalizadas como lo habíamos sido nosotras”, dice Reynoso. Ayer se preestrenó en el Espacio Cultural Biblioteca del Congreso de la Nación (Alsina 1835), una de las dos sedes del Festival Mujeres en Foco, que se extiende hasta el sábado. La otra sede es la Alianza Francesa, en Avenida Córdoba 936.
Unos años después, Reynoso inició sus estudios de cine, y ante la posibilidad de hacer un trabajo práctico documental, inmediatamente pensó “en el derecho al aborto” como tema. “Me di cuenta de que no había una película profesional sobre la necesidad de legalizar el aborto en la Argentina y aun más cuando comencé a conocer el gran trabajo que hacían y hacen los movimientos de mujeres en nuestro papís y que estaba invisibilizado. De ese modo y luego de mucho trabajo e investigación, presentamos el proyecto al subsidio de guión que da el Instituto de Cine y Artes Audiovisuales y nos lo otorgaron, y un año después lo presentamos a subsidio para la producción y también lo ganamos. Esto, además de posibilitarnos hacer la película que realmente queríamos hacer, también nos da la posibilidad de estrenarla en los espacios Incaa de todo el país”, contó Reynoso.
–¿Qué piensa de la situación del aborto en la Argentina? –Pienso que las organizaciones de mujeres han logrado que haya más acceso a abortos seguros por medio de su militancia y de la mano del aborto medicamentoso. Distintas organizaciones, Lesbianas y Feministas o Socorro Rosa de La Revuelta, entre muchas otras, brindan información científica sobre cómo hacerse un aborto con pastillas de manera segura, evitando muchas muertes de mujeres. Pero este gran trabajo poniendo el cuerpo choca con la indiferencia del Estado. Aún no hay voluntad política para discutir este tema en el Congreso.
–¿Le costó ubicar mujeres que quieran hablar en primera persona y ante una cámara? –Los testimonios que estructuran la película son de mujeres muy diferentes entre sí, por lo cual algunas voces me costaron más que otras, especialmente las mujeres de contextos populares. De todos modos, el gran trabajo de las organizaciones feministas acompañando a mujeres con información y acceso en su decisión de abortar genera redes que facilitaron nuestro trabajo, pasándonos contactos o espacios donde buscar. También nos dimos cuenta de que muchas mujeres querían contar su historia, que no querían callar más y que querían luchar por el derecho de decidir sobre nuestros cuerpos y por el derecho a acceder a una práctica médica de manera segura y gratuita.
–¿Por qué cree que se demora el debate por la despenalización del aborto en el país? –La demora tiene que ver con la falta de voluntad política, que tiene que ver con la ideología patriarcal que estructura el poder político y judicial y con la sociedad en general. Esto no permite ver la problemática del aborto como una cuestión de derechos humanos y de respeto a la vida y a la salud de unas 500 mil mujeres al año que decidimos abortar en Argentina. A su vez, no hay que olvidar que cuando hablamos de abortar hablamos de autodeterminación del cuerpo de las mujeres, de cierta autonomía que la sociedad en general, pero especialmente el poder político, no está dispuesto a ceder fácilmente. Por otro lado, creo que influye la gran cuota de poder que sigue teniendo la religión en nuestro país. Por último, y fuertemente enlazado con lo anterior, aún hay una gran desinformación sobre lo que pedimos las organizaciones de mujeres y sobre los proyectos de ley presentados.

 Por Mariana Carbajal

Fuente: Página 12

sábado, 2 de febrero de 2013

Hay algo en la literatura de Di Benedetto que en el cine puede estallar

Entrevista con la cineasta argentina en el Festival de Cine de en Rotterdam, donde acaba de recibir un premio Fondo de desarrollo para filmar su próximo y ambicioso proyecto: su versión personal de "Zama", una de las novelas más importantes de la literatura argentina.



Considerada una de las mejores novelas de la literatura argentina del siglo XX, Zama, del escritor mendocino Antonio Di Benedetto, está dedicada “a las víctimas de la espera”. La novela cuenta la historia de Diego de Zama, un funcionario de la corona española varado a fines del siglo XVIII en Asunción del Paraguay, adonde fue enviado de manera interina. Zama espera el traslado a una sede mejor y, mientras eso no ocurre, espera el barco que traiga noticias de su mujer y sus hijos, y el pago de un sueldo atrasado.
Zama espera y padece la espera. Tal vez sea pura coincidencia, pero Lucrecia Martel, una directora clave de aquello que en su momento se llamó “nuevo cine argentino”, tuvo que esperar bastante para encarar su cuarta película. Poco después del estreno de La mujer sin cabeza en 2008, se supo que la directora argentina más celebrada por la crítica y los festivales internacionales adaptaría El Eternauta. Pasó el tiempo y Martel terminó una versión del guión que todavía le gusta mucho, pero el proyecto se canceló por un desacuerdo con los productores. Entonces fue cuando una amiga con la que compartía charlas sobre el río, un tema que a Martel le fascina, le regaló Zama. “La leí hace dos años y tuve la corazonada de que tenía que hacer algo. Me gustó tanto que me dieron ganas no de adaptarla, sino de revivir algo de la novela a través del cine”, cuenta.
Martel empezaría a rodar recién en enero de 2014, pero la espera seguro valdrá la pena, porque la apuesta es de lo más ambiciosa. La película, que demandará unas doce semanas de filmación y un presupuesto de 5,2 millones de dólares, ya cuenta con apoyo del INCAA y de El deseo, la productora de los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar, pero todavía necesita conseguir buena parte de la financiación. El sábado 26, Martel y la productora Lita Stantic llegaron a Rotterdam para participar del CineMart, el mercado de coproducción del festival. Entre el 27 y el 30 de enero mantuvieron más de cincuenta reuniones con productores y distintos personajes del negocio del cine, y en la noche del 30 el proyecto argentino –el de mayor presupuesto de los 33 que participaron– recibió uno de los tres premios del CineMart, dotado de 5000 euros.
Pero la gira europea no termina allí. En los próximos días, Zama también participará del mercado de coproducción de la Berlinale, y es muy probable que durante ese festival haya algún anuncio oficial sobre un nuevo acuerdo de coproducción. En una tarde helada de invierno, Martel conversó con Ñ Digital en De Doelen, la sede principal del Festival de Rotterdam.

-En tus primeras tres películas trabajaste con guiones propios. Para la cuarta ibas a adaptar El Eternauta y ahora decidiste adaptar Zama. ¿Querías filmar un guión adaptado?
-Creo que me quedó el gusto de lo que estábamos haciendo con El Eternauta. El procedimiento me divirtió, y como eso no se pudo hacer, me quedé con las ganas de estar en el mundo de otro, incluso postergando cosas propias que ya tenía escritas.

-¿Cuál es la mayor diferencia entre partir de una idea propia y adaptar un material ajeno?
-Es un proceso menos solitario. Lo que tiene de fascinante y fácil cuando escribís tu propio guión es que no hay un universo con el que enfrentarse. Y lo fascinante y difícil cuando hacés una adaptación es que ya hay un mundo muy atractivo y partís desde ahí hacia otra cosa, entonces te sentís menos sola. Aunque es lo que más disfruto de las distintas etapas del cine, el proceso de escritura es muy solitario. En una adaptación, en cambio, es como si estuvieras todo el tiempo hablando con otro.

-¿Te preocupa el tema de la fidelidad a la novela?
-Yo pienso que si el cine quiere ser fiel a la literatura es un error enorme, porque realmente no tiene sentido adaptar una novela a una película, es absurdo. Pero sí tiene sentido compartir lo que generó la novela en vos, porque ya no es exactamente la novela, es otra cosa. Y lo que siento es que en la novela hay dispositivos narrativos que en el cine pueden potenciarse mucho trabajando con sonido y con imagen. Me da la sensación de que hay algo en la literatura de Di Benedetto que en el cine puede estallar de una manera puramente cinematográfica. Diría que es algo que todos los lectores percibimos, pero que no pertenece exactamente a la literatura; es como otra capa que está por encima de la novela.

-¿Cómo influye el hecho de que sea una novela tan importante?
-Es otra desgracia. Lo mejor hubiera sido agarrar una novela mediocre, en general el cine funciona muy bien con la novela mediocre porque se puede sobreponer con más astucia. Cuando tenés una maravilla, está el riesgo de someterse. Ojalá no me pase. Por momentos es muy divertido someterse porque es una maravilla, pero a la vez es un riesgo para el lenguaje del cine. Al tratar de ser fiel a un material que es otra cosa, porque las palabras son otra cosa, lo podés entrampar en algo que le hace perder potencia a todo lo que la novela generó en vos. Es complejo pero muy interesante, como si entraras en un edificio y tuvieras que agarrar los pedazos para hacer otra cosa; es una sensación de aventura fascinante.

-¿Cuál era tu relación con la obra de Di Bendetto antes de encarar este proyecto?
-Salvo un cuento, no leí nada más que Zama. Es rarísimo, no sé por qué, estoy entregándome un poco a la intuición de no querer especializarme en Antonio di Benedetto sino en Zama. Siento que lo conozco y que no necesito conocerlo más, como si lo conociera de hace muchísimo tiempo o personalmente.

-¿Ya  terminaste de escribir el guión?
-No, hasta que filme voy a seguir reescribiendo, porque además de relacionarme con la novela, me relaciono con los mundos con los que Di Benedetto se relacionó para escribir; entonces es una cosa gigantesca. Estoy todo el tiempo leyendo cronistas del siglo XVIII, es un proceso que hasta ahora no se termina y no sé si se va a terminar.


-¿Estás investigando sobre el periodo?
-Sí, más que nada trato de estar ahí, en el mundo de estos hombres, que estaban en un lugar que les era desconocido, en el que las referencias de los espacios que había cerca o distantes eran cosas que no conocían. Hoy en día no podemos tener esa sensación, si estás en Tucumán ya sabés que al norte está Jujuy, alguna foto viste. En cambio, en ese momento, lo que había entre una ciudad y la otra era un misterio lleno de leyenda y de narraciones poco específicas, de las que todos sospechaban si eran o no ciertas. La experiencia de estar en un lugar así se parece mucho más a los sueños, donde las referencias geográficas son fantasmagóricas, que a las experiencias de realidad que tenemos ahora.

-Decías que estás sumergiéndote en el universo con el que se relacionó Di Benedetto para escribir. ¿Qué estás leyendo?
-Hay un personaje de fines del siglo XVIII que a Di Benedetto lo fascinó que es Félix de Azara. Es un ingeniero que trabajaba para la corona, al que mandan a marcar el límite técnico entre la colonia portuguesa y la española, y por todas las corruptelas que hay en nuestro continente, se pasa como veinte años sin poder hacer el trabajo específico para el que había venido. Y en esos veinte años, como era muy curioso, hace muchos viajes y, sin ser su especialidad, escribe una serie de obras sobre animales y cuestiones geográficas. Es extraordinario. De los cronistas que he leído, nunca he visto a alguien que se ajuste tan finamente a sus observaciones, que esté tan curioso porque ese mundo le revele algo, y no tan aferrado a la autoridad de la Iglesia y de la corona. Es un hombre de su época, pero mucho más rebelde y personal que otros cronistas. Y Antonio di Benedetto toma muchas cosas que menciona Félix de Azara y las recrea literariamente, o las usa de manera tangencial, oblicua, quizás con un procedimiento parecido al que utilizo yo respecto de la novela.

-¿La película va a transcurrir a fines del siglo XVIII como la novela?
-Por ahora sí. Me gusta mucho ese momento previo a la independencia y a las expediciones científicas. Es un momento decadente de la colonia, de mucha ebullición, porque a poco de andar, en unos diez años más, ya están crecidos todos los líderes de las décadas de la independencia. Es una época llena de personajes interesantes, en la que ya hay otra información acerca de la sociedad y de cómo organizarse. Igual voy a tomar decisiones estéticas que me obligan a no ser precisa, como he hecho en mis otras películas, que no se sabe si son en los 70, los 80 o los 90. Y Di Benedetto, a pesar de que pone fechas, es impreciso. Los datos que cuenta no corresponden exactamente a esas fechas y me parece que ese procedimiento, el de la falsa precisión histórica, está bueno para este relato.

-¿La película va a estar ambientada en Asunción?
-Quiero situarla en el Gran Chaco, esa región comprendida por parte de Paraguay, Bolivia y Argentina. Prefiero no definir una ciudad precisa, y de hecho Di Benedetto tampoco lo hace. Lo de Asunción en realidad no figura nunca en la novela, ni siquiera sé si él alguna vez dijo que pasaba allá. Lo que quiero es que suceda en esa región del Chaco que es la región de los ríos y los bañados, de los Mbayá, de los Payaguá. 

-¿Te pesa estar al frente de una producción tan grande?
-Es muy raro porque es una responsabilidad enorme, pero cuando estás en el set no es eso lo que pesa. Es un dato importante, todo el tiempo hablamos de ese problema, porque es un problema tener una película cara en una época de crisis global, pero es como si fuera alguien que grita a lo lejos. Es tanto lo que me convoca todo lo demás, todo lo que necesita que yo tome decisiones, que lo otro queda como un eco lejano.

-No es la primera vez que venís a Rotterdam.
-No, vine una vez de jurado y otra al CineMart con La niña santa. Es agotador pero muy interesante, porque tenés un panorama de los problemas y las soluciones que  encuentra la gente con respecto al cine de autor. Este lugar es importante. Igual este es un año particular, porque estamos dentro de ese mundo raro que está viviendo Europa que es la crisis, y eso repercute. Lo percibís en las charlas, en las disponibilidades y las búsquedas, sobre todo de las televisoras europeas, que antes compraban un cine de autor súper arriesgado y ahora apuestan a la comedieta o a cosas que tienen una perspectiva comercial mucho más nítida.

-Dadas las dimensiones del proyecto, ¿el proceso va a ser más largo que en tus películas anteriores?
-Sí, en general con Lita (Stantic) pensamos que cuanto más grande es el proyecto, si uno quiere tener controlado el presupuesto, lo mejor es que el desarrollo sea largo, porque en cine hacer las cosas rápido es caro. Y aparte con el tiempo las ideas se van asentando; es un lujo que a veces te podes dar.

POR DANIELA KOZAK

 

 

sábado, 30 de abril de 2011

Mi cuerpo es mío

Tres testimonios distintos de mujeres que abortaron en un corto de Carolina Camacho que se ancla en la autonomía de las mujeres sobre su cuerpo.

En Argentina se practican 460.000 abortos clandestinos por año; es la primera causa de mortalidad materna en nuestro país, y la causa de muerte de una de cada tres mujeres. El 37 por ciento de los embarazos que se registran en el país terminan en un aborto, y el 15 por ciento de esos embarazos corresponde a adolescentes menores de 16 años. Estas estadísticas sin duda motorizaron con más fuerza el corazón de Carolina Camacho para filmar su cortometraje Propiedad Privada. Y sus ganas de poner en imágenes algunas historias, pensamientos y sensaciones de mujeres que pasaron por la situación de tener que abortar. Así, esta joven realizadora decidió tomar el tema como disparador y comprometerse desde lo que más le gusta hacer: cine.

Lo que la impulsó a realizar este trabajo fueron muchas cosas, pero la que primó definitivamente fue su creencia en la fuerza de las mujeres. “Creo en las mujeres, y hablar del aborto es hablar de las mujeres. Estaba leyendo El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, y me enganché con un capítulo que habla sobre el aborto. Ya en el año 1948 Simone dijo que en algunas sociedades y culturas del mundo se consideraba ‘una homicida’ a la mujer que se practicara un aborto y en su libro alza una fuerte denuncia sobre esto. Ese fue el disparador para largarme con este tema. Ese libro realmente cambió mi vida.”

Propiedad Privada es una historia coral que hace foco en tres situaciones –tres mujeres– que atraviesan la decisión de interrumpir un embarazo o continuarlo. Sobre esto, la realizadora sostiene: “La hipocresía y los prejuicios son una de las formas más tremendas de violencia. El abordaje que yo encaré es puramente humanista, lo pensé así desde la instancia de la escritura del guión. Pensé en mostrar a través de distintos personajes femeninos, las diferentes posturas ante el aborto y algunos de los conflictos internos por los que atraviesan las mujeres que pasan por la situación de abortar. Por eso quise plantear un abordaje más humano, más de las cuestiones inherentes a la psiquis de las mujeres que, pienso, están directamente ligadas con los mandatos socioculturales y religiosos”.

Para filmar este corto Camacho tuvo la oportunidad de conocer a muchas mujeres que abortaron, “que son muchas más de las que se cree. Mujeres de todas las edades y clases sociales. En las clases más altas hay muchas más mujeres que abortan que en las clases más desprotegidas. Y también mujeres muy jóvenes que han tenido que pasar por un aborto clandestino e inseguro poniendo en riesgo sus vidas. En todos los casos que conocí, registré algo puntual en lo que quise hacer eje y fue el tema de la culpa. Todas sienten una gran culpa por eso. Y no son culpables. Por eso pienso que hay que poner a la culpa en su lugar. Que algunos hombres todavía piensen que abortar es un asesinato es de otra época. Una vida es otra cosa. Una vida tiene que ver con el nombre y apellido que nos pusieron nuestros padres, tiene que ver con el año en que nacimos, con la identidad, la cultura que nos rodea, la educación, la formación, los afectos, la vocación, la profesión, el trabajo. Son esas las cosas que te hacen ser una persona”.

–¿Por qué el corto se llama Propiedad Privada?

–Le puse ese título porque la decisión de tener un hijo o no es propiedad privada. Decir “Propiedad Privada”, es decir el cuerpo es de la mujer, es ella quien decide sobre su propio cuerpo y nadie tiene el derecho, ni el permiso, ni la autoridad para juzgar esa decisión porque es privada e íntima. Es decir: el cuerpo de la mujer es de cada una, y cada una decide lo que pasa con él. Somos las mujeres quienes en definitiva ponemos el cuerpo, y a quienes se nos niega –injustamente– la posibilidad de un aborto seguro y gratuito en cualquier hospital público.

Por Laura Rosso

Propiedad Privada se proyecta el 6 de mayo a las 18 en el marco de la muestra de cortos de alumnos y egresados del Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda, en el Salón Auditorio de la Cámara de Diputados de la Nación, Riobamba 25.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-6479-2011-04-30.html


martes, 25 de mayo de 2010

LA DAMA VAGUE

“Yo soy única pero a la vez soy todas las mujeres”, decía una joven rubia entre otras, arrugadas, lánguidas, espigadas, adiposas, embarazadas, que respondían a la pregunta de Agnès Varda: “¿Qué es ser una mujer?”. El documental de ocho minutos fue filmado por la realizadora belga para la televisión francesa en el año ’70. El mismo corto interroga al grupo: “¿todas las mujeres quieren ser madres? “Yo sí, yo no”, decían unas y otras. Una voz de hombre: “La mujer que no conoce la maternidad no es una mujer”, y una de las chicas, desnuda sobre un fondo blanco, divertida entre el grupo, desafía a cámara: “¿Y un hombre que no conoce la paternidad no es un hombre?”.

Este material estaba produciendo la directora Agnès Varda en los ’70, la década después de las reivindicaciones, cuando la militancia era sostenida, abandonada o transformada, pero nunca podía manifestarse indiferente respecto del fervor de los ’60. Y ella, en esos años de juventud fue, junto al grupo de notables que se mencionan siempre –Truffaut, Godard, Rohmer–, la mujer que rompió la homonorma de la Nouvelle Vague.

La dama de la NV es hoy una señora de 82 años. Recibió en Cannes el merecido galardón Carrose d’Or, el premio que la Quincena de Realizadores entrega a los directores por su “coraje, innovación e independencia”, y en la charla relajadísima, según dicen las crónicas de aquel día de la semana pasada, Varda conversó con el también octogenario documentalista Frederick Wiseman y, entre risas, lo acusó de moralista. Es que ella es lo más parecido a alguien que casi siempre hizo lo que quiso. Se interesó primero por la fotografía, pero impulsada por aquel principio generacional de que el director es el que escribe con la cámara, se decidió a hacer películas desde que filmó por primera vez, para un amigo enfermo, en el pueblo pesquero de Séte, contando con imágenes lo que él ya no podría ver con sus propios ojos. En 1954 apareció entonces su primer film, La Pointe Courte, que narra el devenir de una pareja por los bordes de la ciudad, y esa manera de Varda de difuminar los límites entre documental y ficción que tanto caracteriza su filmografía. Y ese contacto con lo real, ese finísimo hilo que traza con planos que escarban en el detalle pero nunca se pierden la textura de las verdaderas cosas, se marca con un ritmo vital en Cléo de 5 à 7, donde una mujer, estrella pop ella, camina por París en un lapso de dos horas, tiempo real-fílmico, a la espera de los resultados de un análisis. Un tarotista le había predicho la muerte, y, enfrentada a esta posibilidad, Cléo se pregunta por sus verdaderos deseos, se asquea del mundo y de sí misma en su obsesión por la imagen, hasta ahora, perdida en su propia belleza.

En Le Bonheur (La felicidad) retrata el amor libre de los 60 plasmado en una pareja de tres que, con hijos y todos, son el colmo de la dicha. El trío retoza, naturalizando una unión diferente... lástima que fuera un él con dos mujeres y no al revés, como le reclamaron tantas feministas. Pero si hay algo que reconocerle es la amplitud con la que Varda ve al mundo, sus rígidos límites monogámicos y la posibilidad de entregar una historia, como ella misma definió, “un verdadero acto de libertad creativa”.

Varda tiene más de 40 objetos audiovisuales en su producción, el León de Oro del Festival de Venecia, varias películas en honor a su difunto marido, el también cineasta Jacques Demy (Jacquot de Nantes, L’Univers de Jacques Demy y Les demoiselles ont eu 25 ans) y un ritmo para generar material acorde a nuevas problemáticas.

Unica pero siempre mostrando a otras, inteligentes, sexualmente libres, bellas, reflexivas, Varda, quien interviene con su voz muchos de sus films, ya es una directora fundamental del siglo XX y una figura que vale conocer, y como ella misma dijo, aun a sus 82, “en pleno proceso de cambio”.

Por Flor Monfort


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5740-2010-05-24.html

jueves, 10 de diciembre de 2009

El drama en tiempo presente

La ópera prima de ficción de Zbanic hace eje en la relación entre madre e hija, marcadas por una historia trágica de violación e impunidad. La directora toma distancia del horror, convirtiendo el desgarro en objeto de ficción autónomo.

En una de las primeras escenas de Grbavica, que en Argentina se estrena –sólo en formato DVD– con el título de Sarajevo, mi amor, la protagonista se pone a jugar un juego un poco bruto con su hija. Se corren por el departamento, gritan, forcejean. La chica logra dominarla como un catcher, la espalda contra el piso, agarrándola por los brazos. En ese momento el juego se vuelve para la mujer tortura intolerable y pide a gritos que la suelte. No se entiende bien qué le pasa. Pero algo le pasa, porque no es la única ocasión en que reacciona de manera aparentemente loca. La reconstrucción de eso que le sucede a Esma, que reconoce como origen una conmoción largamente soterrada, es el tema, la mecánica y hasta la forma de Sarajevo, mi amor.

Nacida de la voluntad de exponer una herida que durante demasiado tiempo la sociedad bosnia no se atrevió a aceptar –las decenas de miles de mujeres musulmanas violadas por soldados, durante las guerras de los Balcanes–, la ópera prima de ficción de Jasmila Zbanic, ganadora del Oso de Oro en Berlín 2006, tiene dos o tres virtudes esenciales. Una es el temple que le permitió a la realizadora tomar distancia, convirtiendo el desgarro en objeto de ficción autónomo. Otra, el mantener a raya los demonios que asuelan a obras como ésta, muy marcadas por lo real: la alusión directa, la alegoría, la voluntad de demostración. Finalmente, el que tal vez sea su hallazgo clave, el rechazo absoluto de toda certidumbre previa. Rechazo que lleva a construir la historia así como el ciego golpea el aire: escena a escena, sin certezas.

La película de Zbanic hace eje en la relación entre Esma, cuarentona larga, y Sara, su hija de doce años. Chica de carácter, Sara no sólo juega al fútbol de igual a igual con los varones: si no la respetan, se agarra a trompadas con el más matón. Madre soltera, como a Esma no le alcanza con coser para afuera, se presenta a un puesto de camarera, en un club nocturno. “Mostrá las tetas, te van a dar más propina”, aconseja una compañera más experimentada, que predica con el ejemplo. El club Amerika está lleno de hombres y todos parecen ex mercenarios, mafiosos en curso, criminales de guerra. No es raro que de pronto Esma mire a alguno y salga corriendo, en otra de esas conductas locas que, se va entreviendo, podrían ser las más lógicas del mundo.

Habrá un hombre distinto de los demás, ley de compensaciones demasiado “cantada”, que tal vez hubiera convenido evitar. Mientras tanto, Sara sigue suponiendo que su padre es un shaheed, un muerto en combate. Pero Esma llamativamente calla, disimula, tira la pelota al costado. En algún momento su silencio deberá quebrarse. Habrá quien reproche a Sarajevo, mi amor el carácter, tal vez excesivamente tradicional, de una fábula de desocultamiento, con su fatal encadenamiento conclusivo de revelación, confesión y catarsis. Pero por qué sería reprobable lo que los griegos convirtieron, hace más de dos mil años, en uno de los módulos representativos básicos de la cultura occidental. Es loable que esta suerte de tragedia optimista se narre con la prosaica vitalidad de un drama en tiempo presente, en el que la realizadora y guionista muestra la suficiente lucidez para diferenciar entre dos categorías antagónicas de violencia.

Una es la que Esma sufrió más de doce años atrás y que no es evocada ni por un solo flashback, en un pito catalán a uno de los recursos más obvios y gastados del cine. Esa violencia encierra en sí todos los males de este mundo. Hay otra, liberadora, necesaria y vital, que encarna ese pequeño huracán llamado Sara, capaz de tirarle cosas por la cabeza a cualquier adulto que quiera indicarle qué hacer y qué no. Y de agarrarse a trompadas con su madre, en una escena que funciona como reflejo trágico de la otra, cómica, que se señala en el primer párrafo. Escena que recuerda, en su desesperación, las batallas campales familiares de más de una película de Cassavetes.

“Es una película de actores”, reprocharán otros, como si eso fuera intrínsecamente malo. Hay películas “de actores” muy malas, desde ya. Son aquellas en las que las actuaciones se roban la película. Están las otras, las buenas, en las que actuar y transmitir verdad se vuelven la misma cosa. Es el caso de Sarajevo, mi amor, donde la veterana Mirjana Karanovic, vista en películas de Kusturica (Papá salió en viaje de negocios, Tiempo de gitanos, Underground), es capaz de construir una emoción compleja y secreta, la de sentir culpa por un crimen del que fue víctima, mientras apaga un cigarrillo y prende otro. A su lado, la asombrosa Luna Mijovic logra aunar violencia interior, energía rebelde y la más profunda, inexplicada orfandad. Entre esas emociones contrapuestas y urgentes discurre Sarajevo, mi amor, una película que no es sólo de sus actrices.

8-SARAJEVO, MI AMOR (Grbavica,Alem. /Austria /Hungr. /Bosnia-Herzegovina, 2006)

Dirección y guión: Jasmila Zbanic.

Fotografía: Christine Maier.

Intérpretes: Mirjana Karanovic, Luna Mijovic, Leon Lucev, Kenan Catic, Jasna Ornela Berry y Dejan Acimovic.

Se exhibe en proyección DVD, en los cines Arteplex (Centro, Belgrano, Caballito y Villa del Parque).

Por Horacio Bernades



Jasmila Zbanic escritora y directora
GRBAVICA es su primer largometraje.
Empezó a rodar en 1997, después de fundar “Deblokada”, una asociación de artistas a través de la que produjo, escribió y dirigió numerosos documentales, vídeos y cortos que se han visto en festivales y exposiciones en todo el mundo.
Entre otros mencionaremos el corto «Birthday», una parte de la película recopilatoria «Lost and Found», que estudia la trayectoria de dos jóvenes, una bosnia y otra croata; el documental «Red Rubber Boots», acerca de la odisea de las mujeres bosnias en busca de sus hijos; y otro documental, «Images from the Corner», acerca de una mujer gravemente herida en la guerra a la que no le queda más remedio que aguantar mientras un fotógrafo extranjero le hace fotos. Nacida en Sarajevo en 1974, se licenció en dirección teatral y cinematográfica en la Academia de Artes Dramáticas. Antes de hacer cine, trabajó de marionetista en el Teatro Bread and Puppet de Vermont.




Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-16292-2009-12-10.html
http://www.golem.es/grbavica/directora.php

domingo, 6 de diciembre de 2009

Y hablando de Lucrecia Martel...

"La ciénaga", elegida como la mejor película latinoamericana de la década.
La ópera prima de la directora argentina Lucrecia Martel fue elegida como la mejor película latinoamericana de la década, según una encuesta entre críticos, académicos y profesionales del cine en Nueva York.
La asociación Cinema Tropical, dedicada a la promoción del cine latinoamericano en Estados Unidos, difundió hoy los resultados de su encuesta, en la que Martel es la gran ganadora, ya que sus tres largometrajes figuran entre los diez seleccionados como los mejores de la década 2000-2009. 
Para esta asociación, el hecho de que los expertos consultados hayan seleccionado las tres cintas que Martel ha realizado hasta la fecha es "una impresionante hazaña". 
Las otras dos películas son "La mujer sin cabeza" (2008) y "La niña santa" (2004), que se hicieron con el octavo y noveno puesto, respectivamente. 
De México, cuatro cintas figuran entre las diez seleccionadas: "Amores Perros" (2000), de Alejandro González Iñárritu, que quedó en el segundo puesto; "Luz silenciosa" (2007), de Carlos Reygadas, en el tercero; "Y tu mamá también" (2001), de Alfonso Cuarón, en el sexto; y "El laberinto del fauno" (2006), de Guillermo del Toro, en el décimo. 
Las cintas de los directores mexicanos conocidos como "los tres amigos" (Cuarón, Del Toro y González Iñárritu) recaudaron en conjunto 56 millones de dólares en Estados Unidos, según apunta Cinema Tropical, que destaca igualmente sus respectivos trabajos en "películas de gran perfil internacional" y su alianza para impulsar la productora Cha Cha Cha Films. 
De Brasil se ha seleccionado "Ciudad de Dios", de Fernando Meirelles en el cuarto puesto, y el documental "Autobús 174", de José Padilha y Felipe Lacerda, en el número cinco; al tiempo que de Uruguay figura en el séptimo puesto "Whisky", de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll. 
"La idea de crear esta lista tiene una doble misión: por una parte servir de promoción para honrar el gran trabajo fílmico de la región en los últimos años, y por otra, rendir tributo a los profesionales que han ayudado a la difusión del cine latinoamericano", afirmó el director de Cinema Tropical, Carlos Gutiérrez, en un comunicado. 
Para realizar esta encuesta, Cinema Tropical consultó a 33 profesionales de Nueva York que han contribuido a la promoción y difusión del cine latinoamericano en el país, y todos ellos seleccionaron un total de 121 películas de catorce países de la región. 

Argentina, al frente 

Argentina es el país con la mayor cantidad de cintas en esa lista general, con un total de 37 menciones, seguida de Brasil, con 30. 
"A pesar del hecho de que muchas de las películas mencionadas nunca consiguieron estrenarse en Estados Unidos y que aún el cine latinoamericano tiene mucho que conquistar en este país, la lista demuestra que hay una gran riqueza de películas que se producen en la región año tras año", aseguró la organización. 
Como ejemplo, cita el caso del director de cine brasileño Eduardo Coutinho, que, aunque "sigue siendo desconocido para la mayoría del público en Estados Unidos", tiene cuatro películas en la lista general: "Jogo da cena", "Edificio Máster", "Peäes" y "O fim e o principio". 
Igualmente, señala al argentino Pablo Trapero, quien tiene cuatro películas en la lista general, así como su compatriota Carlos Sorín, con tres, y el mexicano Carlos Reygadas, con otras tres. 
"Esta década que está a punto de concluir marcó un hito en el cine latinoamericano. Nunca antes las películas de América Latina habían gozado de tanta popularidad de crítica y taquilla a nivel internacional", aseguró Díaz. 
En su opinión, "esta lista no es sólo un claro recordatorio de la gran calidad y abundancia de cine que han emergido de Latinoamérica en los últimos diez años, sino que también es una celebración de la madurez del cine de la región que ahora es considerado a la par con lo mejor del cine mundial".


(http://www.revistaenie.clarin.com)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Me encantan sus películas. La adoro.


"La Elipsis es el gran descubrimiento del montaje..."

















Lucrecia Martel



Foto: http://www.facebook.com/pages/Lucrecia-Martel

sábado, 24 de octubre de 2009

Mujeres rodando

"A partir del próximo jueves 29 se proyectarán, con entrada gratuita, los cortos preseleccionados del concurso La Mujer y el Cine, que, auspiciado por Página/12, logró una muy alta convocatoria y promete convertirse en el semillero de nuevas miradas femeninas, que aprovechan estos espacios exclusivos para tomar el séptimo arte por asalto. Seis de las directoras participantes hablan sobre sus obras y su experiencia detrás de cámara.

“Que llegaran 216 cortos fue un motivo de regocijo muy grande para nosotras”, subraya Annamaria Muchnik, activa integrante de la comisión de La Mujer y el Cine, asociación civil con 21 años de existencia que este año propone en 10º Concurso Nacional de Cortometrajes realizados por Mujeres, con sus correspondientes premios. Los otros nombres de dicha comisión: Graciela Maglie, María Victoria Menis, Marta Bianchi, Julia Solomonoff, Sabrina Farji e Ivonne Fournery. “Hicimos mucho hincapié en promover este concurso en los medios apropiados: por ejemplo, una página en la web, www.lamujeryelcine.com.ar, puesta en Facebook en dos lugares distintos. Este recurso nos trajo mucho ida y vuelta entre las participantes. Tratamos de que hubiera mucha difusión en todo el país, a través de escuelas de cine, secretarías de cultura. Estamos consiguiendo que las chicas del interior cuyos trabajos fueron seleccionados vengan a Buenos Aires para la exhibición.”
[…]

VIDA DE BAR

Nacida en Rosario y criada en Santa Cruz, Natalia Bianchi se vino a los 18 a la Capital para estudiar en la Universidad del Cine: “En los primeros tiempos en esta ciudad, me costó ambientarme, me sentía sapo de otro pozo. De los trabajos hechos en la Universidad, rescato Medusario, video que realizamos cuatro chicas del interior, cuatro miradas a veces extrañadas sobre Buenos Aires”.

Bianchi es la realizadora de Soliloquio de una espera, uno de los films seleccionados. Un plano secuencia inmóvil que desde el punto de mirar de una mujer captura lo que sucede en el bar durante 7 minutos, también los movimientos de la calle a través de las ventanas. “Una de las cosas que más me impactó al llegar acá fue que hubiera tantos bares, que la gente se reuniera habitualmente en esos lugares... Y tuve ganas de reflejar esa cultura de bar en una película. Cuando escribí Soliloquio... tenía 19, se filmó en mayo del año pasado y lo terminé en febrero de 2009. Entre las pautas formales planteadas por la profesora, tomé la voz en off, me interesaba esa ambigüedad. Hicimos un casting y hubo que ensayar porque al tratarse de un plano secuencia tenía que manejarme con cierta coreografía previamente establecida. Fue un solo día de rodaje en un bar del barrio San Nicolás. Nos llevamos muy bien dentro del equipo.”
[…]

BAILES FRONTERIZOS

Remolinos de vivos colores irrumpen en la ruta, en un puente, en campo abierto. La imagen se ralenta, se descompone, se vuelve abstracta al ritmo ancestral de Tinkun. Y una mujer vestida de colores pálidos se sobreimprime haciendo otra danza, se debate dentro de un cuadro, entre cuerpos pintados por Deborah Balietti. Este film de Ladys González, presentado ya en diversos festivales, se llama precisamente Frontera Danza, y contó con la coreografías de Osmar Mercado (Tinku) y Cecilia Pugin (contemporánea). “La propuesta es habitar la frontera como un espacio indefinido, como un no lugar”, explica Ladys González. “Establecer una relación con distintos lenguajes artísticos, trazar puentes en el sentido físico y metafórico, marcar el tránsito, el paso del tiempo... Y, no hace falta decirlo, celebrar la danza en sus distintas expresiones.” […] 

“El puente une y separa, lleva cuerpos que están fragmentados por dentro. En mi obra, bailan bolivianos e hijos de bolivianos que quizás no fueron nunca a Bolivia. Pero siguen bailando esas danzas remotas, trasmitidas de generación en generación, típicas de las fiestas. No por azar, en Frontera Danza coincidimos artistas de distintas nacionalidades.”
[…]

RENACIMIENTO DE OFELIA

“Me gusta tomar personajes de la mitología, de la literatura y llevarlos a situaciones contemporáneas”, declara Julia Anaut, creadora del corto Ofelia en cristalino arroyo, con amplia formación en artes visuales (pintura, grabado, fotografía). “La Ofelia de Hamlet es una mujer que muere por amor, una romántica de la que doy otra versión. Me importa la relación de la mujer con la naturaleza. En la obra de Shakespeare, se dice de ella: flota como una sirena o como una criatura natural de ese elemento.”

En Ofelia..., una chica –interpretada por la propia Anaut– se sumerge en la bañera con expresión de relajada beatitud, el agua se va volviendo verde, flotan de pronto flores de loto claramente artificiales, la chica empieza a brotarse de verde, ramas de enredadera se adhieren a las superficies enlozadas del baño. Pero esta Ofelia se sale del molde de la suicida loca de amor al generar su propio ecosistema, entrar en comunión con el verdor, los elementos, la música de Ber Chese. “Sucede que hay en mí una añoranza de la naturaleza, crecí en Cipolletti, lugar pegado a las chacras, a la manzana. Ofelia parte de la serie de fotografías Ofrenda, ahora estoy trabajando en una nueva donde hay una procesión de mujeres envueltas en plantas, situaciones rituales. A través de la historia, de algunas religiones, de la cultura, la mujer tiene una relación más directa e intensa con la naturaleza, sus fenómenos. Y obviamente, es la que da vida.” [...]

LA ESTACION DEL AMOR IMPOSIBLE

[…] el primer deseo artístico de Celina fue dirigir cine, pero al terminar la secundaria, luego de negociar con su familia, empezó en Bellas Artes. “Pasó que mientras cursaba el profesorado de pintura me iba enganchando con la actuación, sin dejar de pensar en el cine. En 2003, con algunos ahorros y tiempo disponible, me decidí a entrar en la FUC.” Celina Font reconoce que estos desvíos confluyeron, se fueron acoplando a su deseo inicial. “Aunque me metí de lleno en Bellas Artes, pronto comprendí que había algo de lo solitario en la labor del pintor que no me convencía, sabía que necesitaba trabajar en equipo, tener interacción con otra gente. Por eso me incliné primero por la actuación, luego me animé al cine. Cuando veo el cuerpo de los cinco cortos que hice durante la carrera, advierto que comparten una cuestión temática que tiene que ver con el deseo, con la búsqueda, el intento, la imposibilidad de una relación de pareja, también con la soledad."

[…] “Creo que la comedia es un género difícil de sostener en su aparente ligereza, pero que facilita la comprensión directa de ciertos planteos. El humor te permite pasar muchas cosas, expresar un enfoque, dejar caer una reflexión. Sin duda, puede tener un poder subversivo. Trabajé mucho para encontrar esa estructura como de sucesión de postales no siempre en orden, con esa aceleración y esa acumulación propias de la memoria.” No hagas el amor... luce un sólido elenco de once actores y actrices que, aparte de Lamarre, entre otros, incluye a Arturo Goetz, Monica Gazpio, Inés Efrón. “Les estoy muy agradecida, fueron seis días de rodaje, viajando cada día a la provincia, un despliegue increíble.”

RETRATO DEL ARTISTA COMPROMETIDO

En fondo de una casa de familia, Lucila Las Heras inventó un mundo paralelo, alejado en el tiempo y el espacio, para contar la fábula de un joven artista que en la Edad Media salva a los habitantes de su pueblo de los estragos de la peste, al poder representarla.

La directora del film Retrato de la peste, un corto de animación por stop motion, expone sus motivos: “Desde muy chica me gusta el cine fantástico, contar y que me cuenten historias. En el momento en que tomé este tema, estaba estudiando en sociología la época medieval. Me interesó mucho conocer aspectos de esa sociedad tan diferente de la nuestra, y también comprobar cómo permanecen ciertas costumbres universales, como la existencia de fábulas y leyendas que explican el mundo mediante metáforas. Me interesa el papel del arte que te libera, te puede salvar de diversas maneras. Este chico artista tiene el poder de ver lo que los demás no ven, lo puede comunicar a través de su pintura. No es casual que en todas las épocas en que hay problemas de autoritarismo, lo primero que se cuestiona es el arte que no se rinde ante el poder, se censura a los artista que expresan ciertas verdades incómodas”.

Para la realización de este corto, Lucila trabajó con muñecos bastante complejos que debajo de la ropa tienen un esqueleto articulado de bronce que ella construyó […]
“Yo tenía el dibujo de los personajes, para algunos me basé en pinturas. Busqué mucho en el barroco para el tema de la fotografía, sobre todo los holandeses de esa época, también Caravaggio.”

CITA DE SIRENAS

La primera idea que se le disparó a Paula Herrera, directora del corto Blanca tu humedad, fue trabajar con la sexualidad de una mujer madura. Luego se fueron sumando otros componentes: el agua, el nado sincronizado, las relaciones entre edades y clases sociales diferentes. Componentes ligados a los conocimientos de plástica, música, teatro, danza butoh, de esta realizadora que hizo la carrera de Imagen y Sonido en la UBA.

[…]
 “Me fascina el agua en general”, afirma Paula Herrera. “En la pileta, la protagonista entra en otra realidad, experimenta otra libertad... Diría que toda la película trata de mostrar los diversos niveles de percepción a través de las emociones, de las texturas, los colores, los sabores. Blanca accede de a poco al territorio de esa mujer más grande, que podrá convertirse en su amiga, su amante, su guía... Esa mujer que preside ese festejo final con algo de dionisíaco, donde el grupo de nadadores teje rondas y figuras en el agua, un guiño a Esther Wiliams pero con otra música, otro sentido. Hay integración, hermandad, alegría compartida en ese encuentro de mujeres en el agua.”¤

Exhibiciones de la Muestra 10º Concurso de cortos La mujer y el Cine, en el Malba, avenida Figueroa Alcorta 3415; jueves 29, a las 18 y a las 20; viernes 30, a las 18 y 20; sábado 31, a las 18 proyección y a las 20 premiación."

Moira Soto

( http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5254-2009-10-23.html )