Entrevista
con la cineasta argentina en el Festival de Cine de en Rotterdam, donde acaba
de recibir un premio Fondo de desarrollo para filmar su próximo y ambicioso
proyecto: su versión personal de "Zama", una de las novelas más
importantes de la literatura argentina.
Considerada una de las mejores novelas de la literatura argentina del siglo XX, Zama,
del escritor mendocino Antonio Di Benedetto, está dedicada “a las
víctimas de la espera”. La novela cuenta la historia de Diego de Zama,
un funcionario de la corona española varado a fines del siglo XVIII en
Asunción del Paraguay, adonde fue enviado de manera interina. Zama
espera el traslado a una sede mejor y, mientras eso no ocurre, espera el
barco que traiga noticias de su mujer y sus hijos, y el pago de un
sueldo atrasado.
Zama espera y padece la espera. Tal vez sea pura
coincidencia, pero Lucrecia Martel, una directora clave de aquello que
en su momento se llamó “nuevo cine argentino”, tuvo que esperar bastante
para encarar su cuarta película. Poco después del estreno de La mujer sin cabeza en 2008, se supo que la directora argentina más celebrada por la crítica y los festivales internacionales adaptaría El Eternauta.
Pasó el tiempo y Martel terminó una versión del guión que todavía le
gusta mucho, pero el proyecto se canceló por un desacuerdo con los
productores. Entonces fue cuando una amiga con la que compartía charlas
sobre el río, un tema que a Martel le fascina, le regaló Zama.
“La leí hace dos años y tuve la corazonada de que tenía que hacer algo.
Me gustó tanto que me dieron ganas no de adaptarla, sino de revivir
algo de la novela a través del cine”, cuenta.
Martel empezaría a
rodar recién en enero de 2014, pero la espera seguro valdrá la pena,
porque la apuesta es de lo más ambiciosa. La película, que demandará
unas doce semanas de filmación y un presupuesto de 5,2 millones de
dólares, ya cuenta con apoyo del INCAA y de El deseo, la productora de
los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar, pero todavía necesita conseguir
buena parte de la financiación. El sábado 26, Martel y la productora
Lita Stantic llegaron a Rotterdam para participar del CineMart, el
mercado de coproducción del festival. Entre el 27 y el 30 de enero
mantuvieron más de cincuenta reuniones con productores y distintos
personajes del negocio del cine, y en la noche del 30 el proyecto
argentino –el de mayor presupuesto de los 33 que participaron– recibió
uno de los tres premios del CineMart, dotado de 5000 euros.
Pero la gira europea no termina allí. En los próximos días, Zama
también participará del mercado de coproducción de la Berlinale, y es
muy probable que durante ese festival haya algún anuncio oficial sobre
un nuevo acuerdo de coproducción. En una tarde helada de invierno,
Martel conversó con Ñ Digital en De Doelen, la sede principal del Festival de Rotterdam.
-En
tus primeras tres películas trabajaste con guiones propios. Para la
cuarta ibas a adaptar El Eternauta y ahora decidiste adaptar Zama.
¿Querías filmar un guión adaptado?
-Creo que me quedó el gusto de lo que estábamos haciendo con El Eternauta.
El procedimiento me divirtió, y como eso no se pudo hacer, me quedé con
las ganas de estar en el mundo de otro, incluso postergando cosas
propias que ya tenía escritas.
-¿Cuál es la mayor diferencia entre partir de una idea propia y adaptar un material ajeno?
-Es
un proceso menos solitario. Lo que tiene de fascinante y fácil cuando
escribís tu propio guión es que no hay un universo con el que
enfrentarse. Y lo fascinante y difícil cuando hacés una adaptación es
que ya hay un mundo muy atractivo y partís desde ahí hacia otra cosa,
entonces te sentís menos sola. Aunque es lo que más disfruto de las
distintas etapas del cine, el proceso de escritura es muy solitario. En
una adaptación, en cambio, es como si estuvieras todo el tiempo hablando
con otro.
-¿Te preocupa el tema de la fidelidad a la novela?
-Yo
pienso que si el cine quiere ser fiel a la literatura es un error
enorme, porque realmente no tiene sentido adaptar una novela a una
película, es absurdo. Pero sí tiene sentido compartir lo que generó la
novela en vos, porque ya no es exactamente la novela, es otra cosa. Y lo
que siento es que en la novela hay dispositivos narrativos que en el
cine pueden potenciarse mucho trabajando con sonido y con imagen. Me da
la sensación de que hay algo en la literatura de Di Benedetto que en el
cine puede estallar de una manera puramente cinematográfica. Diría que
es algo que todos los lectores percibimos, pero que no pertenece
exactamente a la literatura; es como otra capa que está por encima de la
novela.
-¿Cómo influye el hecho de que sea una novela tan importante?
-Es
otra desgracia. Lo mejor hubiera sido agarrar una novela mediocre, en
general el cine funciona muy bien con la novela mediocre porque se puede
sobreponer con más astucia. Cuando tenés una maravilla, está el riesgo
de someterse. Ojalá no me pase. Por momentos es muy divertido someterse
porque es una maravilla, pero a la vez es un riesgo para el lenguaje del
cine. Al tratar de ser fiel a un material que es otra cosa, porque las
palabras son otra cosa, lo podés entrampar en algo que le hace perder
potencia a todo lo que la novela generó en vos. Es complejo pero muy
interesante, como si entraras en un edificio y tuvieras que agarrar los
pedazos para hacer otra cosa; es una sensación de aventura fascinante.
-¿Cuál era tu relación con la obra de Di Bendetto antes de encarar este proyecto?
-Salvo un cuento, no leí nada más que Zama.
Es rarísimo, no sé por qué, estoy entregándome un poco a la intuición
de no querer especializarme en Antonio di Benedetto sino en Zama. Siento que lo conozco y que no necesito conocerlo más, como si lo conociera de hace muchísimo tiempo o personalmente.
-¿Ya terminaste de escribir el guión?
-No,
hasta que filme voy a seguir reescribiendo, porque además de
relacionarme con la novela, me relaciono con los mundos con los que Di
Benedetto se relacionó para escribir; entonces es una cosa gigantesca.
Estoy todo el tiempo leyendo cronistas del siglo XVIII, es un proceso
que hasta ahora no se termina y no sé si se va a terminar.
-¿Estás investigando sobre el periodo?
-Sí,
más que nada trato de estar ahí, en el mundo de estos hombres, que
estaban en un lugar que les era desconocido, en el que las referencias
de los espacios que había cerca o distantes eran cosas que no conocían.
Hoy en día no podemos tener esa sensación, si estás en Tucumán ya sabés
que al norte está Jujuy, alguna foto viste. En cambio, en ese momento,
lo que había entre una ciudad y la otra era un misterio lleno de leyenda
y de narraciones poco específicas, de las que todos sospechaban si eran
o no ciertas. La experiencia de estar en un lugar así se parece mucho
más a los sueños, donde las referencias geográficas son fantasmagóricas,
que a las experiencias de realidad que tenemos ahora.
-Decías que estás sumergiéndote en el universo con el que se relacionó Di Benedetto para escribir. ¿Qué estás leyendo?
-Hay
un personaje de fines del siglo XVIII que a Di Benedetto lo fascinó que
es Félix de Azara. Es un ingeniero que trabajaba para la corona, al que
mandan a marcar el límite técnico entre la colonia portuguesa y la
española, y por todas las corruptelas que hay en nuestro continente, se
pasa como veinte años sin poder hacer el trabajo específico para el que
había venido. Y en esos veinte años, como era muy curioso, hace muchos
viajes y, sin ser su especialidad, escribe una serie de obras sobre
animales y cuestiones geográficas. Es extraordinario. De los cronistas
que he leído, nunca he visto a alguien que se ajuste tan finamente a sus
observaciones, que esté tan curioso porque ese mundo le revele algo, y
no tan aferrado a la autoridad de la Iglesia y de la corona. Es un
hombre de su época, pero mucho más rebelde y personal que otros
cronistas. Y Antonio di Benedetto toma muchas cosas que menciona Félix
de Azara y las recrea literariamente, o las usa de manera tangencial,
oblicua, quizás con un procedimiento parecido al que utilizo yo respecto
de la novela.
-¿La película va a transcurrir a fines del siglo XVIII como la novela?
-Por
ahora sí. Me gusta mucho ese momento previo a la independencia y a las
expediciones científicas. Es un momento decadente de la colonia, de
mucha ebullición, porque a poco de andar, en unos diez años más, ya
están crecidos todos los líderes de las décadas de la independencia. Es
una época llena de personajes interesantes, en la que ya hay otra
información acerca de la sociedad y de cómo organizarse. Igual voy a
tomar decisiones estéticas que me obligan a no ser precisa, como he
hecho en mis otras películas, que no se sabe si son en los 70, los 80 o
los 90. Y Di Benedetto, a pesar de que pone fechas, es impreciso. Los
datos que cuenta no corresponden exactamente a esas fechas y me parece
que ese procedimiento, el de la falsa precisión histórica, está bueno
para este relato.
-¿La película va a estar ambientada en Asunción?
-Quiero
situarla en el Gran Chaco, esa región comprendida por parte de
Paraguay, Bolivia y Argentina. Prefiero no definir una ciudad precisa, y
de hecho Di Benedetto tampoco lo hace. Lo de Asunción en realidad no
figura nunca en la novela, ni siquiera sé si él alguna vez dijo que
pasaba allá. Lo que quiero es que suceda en esa región del Chaco que es
la región de los ríos y los bañados, de los Mbayá, de los Payaguá.
-¿Te pesa estar al frente de una producción tan grande?
-Es
muy raro porque es una responsabilidad enorme, pero cuando estás en el
set no es eso lo que pesa. Es un dato importante, todo el tiempo
hablamos de ese problema, porque es un problema tener una película cara
en una época de crisis global, pero es como si fuera alguien que grita a
lo lejos. Es tanto lo que me convoca todo lo demás, todo lo que
necesita que yo tome decisiones, que lo otro queda como un eco lejano.
-No es la primera vez que venís a Rotterdam.
-No, vine una vez de jurado y otra al CineMart con La niña santa.
Es agotador pero muy interesante, porque tenés un panorama de los
problemas y las soluciones que encuentra la gente con respecto al cine
de autor. Este lugar es importante. Igual este es un año particular,
porque estamos dentro de ese mundo raro que está viviendo Europa que es
la crisis, y eso repercute. Lo percibís en las charlas, en las
disponibilidades y las búsquedas, sobre todo de las televisoras
europeas, que antes compraban un cine de autor súper arriesgado y ahora
apuestan a la comedieta o a cosas que tienen una perspectiva comercial
mucho más nítida.
-Dadas las dimensiones del proyecto, ¿el proceso va a ser más largo que en tus películas anteriores?
-Sí,
en general con Lita (Stantic) pensamos que cuanto más grande es el
proyecto, si uno quiere tener controlado el presupuesto, lo mejor es que
el desarrollo sea largo, porque en cine hacer las cosas rápido es caro.
Y aparte con el tiempo las ideas se van asentando; es un lujo que a
veces te podes dar.
POR
DANIELA KOZAK